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sábado, 9 de enero de 2010

De dónde venimos, a dónde vamos


2009 fue el año de spotify, del libro electrónico, la tele digital, el cine en 3d, los vampiros adolescentes y las pelis de ciencia ficción a la antigua usanza (por no mencionar la puta crisis), y el año donde empecé a dejar languidecer este blog.
Empezamos 2010 con nieve, concentración de cadenas, el exilio de Iñaki Gabilondo de Cuatro a CNN+ (quien sabe si para mejor) y una tele pública sin anuncios pero con los mismos programas insípidos de siempre.
Menos mal que en febrero sacarán disco mis dos artistas viejunos favoritos: Peter Gabriel con su parte del proyecto Scratch My Back, cantando temas de gente más o menos de su quinta (Bowie, Paul Simon, Neil Young, Lou Reed, Randy Newman o David Byrne) y otros más de ahora como Elbow, Arcade Fire, Magnetic Fields o Radiohead; seguirá un disco-respuesta donde esos mismos artistas versionarán temas de Gabriel (de ahí el título: tú me rascas la espalda a mí y yo te la rasco a ti). Mucho más prolífico, el antes mencionado David Byrne (en colaboración con Fat Boy Slim) presentará Here Lies Love, 22 animadas canciones inspiradas en la relación entre Imelda Marcos y su asistenta (en serio). En las voces, nada menos que Tori Amos, Marta Wainwright, Steve Earle, Cyndi Lauper, Roisin Murphy, Natalie Merchant, Allison Moorer, Camille, Santigold, Sharon Jones, y en un par de temas el propio Byrne. Viva la gente original.

Estrenarán película directores como Christopher Nolan (Inception, thriller metafísico del que nada se sabe), Martin Scorsese (Shutter Island, también con Leo Dicaprio, basada en una novela de misterio bien escrita pero un poco vista), Alex de la Iglesia (Balada triste de trompeta: comedia grotesca sobre dos payasos enamorados de la misma trapecista en la España de 1973) o Peter Jackson (Lovely Bones, basada en la estupenda novela de Alice Sebold sobre una niña asesinada que desde el cielo contempla qué es de su familia y del tipo que la mató; las primeras críticas dicen que funciona como thriller pero no como drama, que le falta sutileza a la adaptación. Me lo temía).

En televisión, TVE tendrá que decidir que es lo que quiere ser de mayor, si la PBS o la BBC. Hablando de la cuál, en marzo Matt Smith se estrenará como el decimo primer Doctor en Doctor Who en una nueva etapa comandada por Steven Moffat. Mientras le dejen, el Gran Wyoming seguirá jugándose el tipo simplemente por sacarle los colores a la carcunda de este país. Llegarán más series oportunistas pretendiendo ocupar el hueco de Lost sin haber entendido nada, y el vacío será terrible cuando este verano concluya la extraordinaria odisea de los supervivientes del vuelo 815 de Oceanic, la primera gran nueva mitología del siglo XXI. De momento, mientras llega el dos de febrero, miro y remiro las fotos promocionales y me quedo fascinado con la beatífica sonrisa de John Locke. ¿Qué significará?

P.D.: Para quienes no la hayáis recibido ya en mano, adjunto copia de mi felicitación de navidad de este año. ¡Feliz 2010!


domingo, 21 de diciembre de 2008

Goyas 2009


Miro la lista de candidaturas a los Goya y suelto una fina interjección. Los girasoles ciegos, única que no he visto de las cuatro principales, arrasa con quince nominaciones y no es que se me haya pasado por alto, es que no tenía ni puñeteras ganas de verla porque ha tenido una críticas flojísimas y me han hablado de ella fatal. ¿Y ahora, me gasto la pasta a disgusto o me abstengo de decir un palabra si luego va y se lo lleva todo el 1 de febrero? Aquí, a la hora de rascarse el bolsillo, es donde se demuestra su dedicación el crítico aficionado.
Y mira que me cae bien Jose Luís Cuerda (y Maribel Verdú) pero Cuerda como director dramático me parece un tío muy plano y escaso de recursos, y empiezo a sospechar que tanto reconocimiento para la enésima película sobre la guerra civil solo puede deberse a la reciente actualidad del tema (es decir, a motivos extracinematográficos) o a que Los girasoles es el guión póstumo de Rafael Azcona como adaptador (pero Azcona decía siempre que el guionista era la puta del director. O sea, que se lavaba las manos del resultado).
O quien sabe, igual es de verdad una obra maestra, aunque me cuesta creer que pueda ser mejor o más original, atrevida y emocionante que Camino de Javier Fesser, una de las mejores películas que he visto este año. Alex de la Iglesia está de acuerdo en que es su favorita, y no lo dice por cortesía, él mismo describió en su blog la conmoción que le había producido. Los Crímenes de Oxford, en cambio, sólo está ahí como reconocimiento a su competencia técnica y a su éxito de taquilla (lo único bueno que ha hecho Alex este año ha sido en televisión, la incomprendida Plutón Verbenero).
Sintiéndolo mucho por Ariadna Gil (que está estupenda en Sólo quiero caminar), el goya a mejor actriz tiene que ser para Carme Elías, que hace una interpretación que corta el aliento en Camino. No se me ocurre nadie mejor en cambio para mejor actor que Diego Luna por la peli de Díaz Yanes pero ¿qué posibilidades tiene contra Benicio del Toro haciendo del Ché? (otra que tampoco he visto).
Más: Penélope Cruz como mejor secundaria (Vicky Cristina Barcelona), Nerea Camacho como actriz revelación (Camino), mejor director novel para Nacho Vigalondo (Los cronocrímenes) y el resto, que gane el mejor.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Y a continuación, algo completamente diferente



El mismo día en que Alex de la Iglesia ha anunciado con pesar en su blog que en breve concluye definitivamente el rodaje de Plutón BRB Nero (porque es el destino de toda serie de ciencia ficción que se precie terminar prematuramente, y porque aunque no ha ido mal para la media de la 2, tendría que haber ido mucho mejor para haberles prorrogado más allá de los 26 episodios), se publica oficialmente el segundo teaser-trailer de Star Trek (2009), la película que tiene en sus manos la salvación del género space opera tras la escabechina de las Galaxias, o al menos hasta que James Cameron estrene Avatar...
Este trailer (en inglés, claro) lleva todo el fin de semana pululando por internet causando sensación en cutreversiones pirata, así que ahora que ya se puede ver en condiciones no me seáis vagos y pinchad en
apple.com/trailers
para escoger la versión quicktime más grande que soporte vuestro aparato (donde pone Trailer 2, apartado HD), porque es una cosa muy moderna y llamativa, de mucha velocidad y detalle, y además aquí no salen ballenas ni señores mayores metiendo barriga (pobre Shatner).
Tampoco hay, para compensar, ninguna estrella en el reparto salvo un irreconocible Eric Bana haciendo de villano, aunque por ahí anden también Wynona Ryder, Simon Pegg, Karl Urban, la doctora Cameron y el malo de la serie de Heroes. En cambio se ve mucha pasta en efectos, unos diseños bastante interesantes y el apunte de un argumento que de pronto se ha revelado (leyendo entre líneas) mucho más intrigante que simplemente otra precuela sobre cómo se conocieron el capitán Kirk y el señor Spock. ¿Sera suficiente para picar la curiosidad del público generalista? Vosotros diréis; de todas formas aún les quedan seis meses hasta el estreno para seguir vendiendo la moto.

Mientras tanto, la película de J.J. Abrams amenaza ya con producir el mayor cisma entre fundamentalistas y renovadores de la Franquicia (franquicia que estaba muerta tras años de deslizarse a la irrelevancia cuando él decidió recogerla) desde el día en que su creador, Gene Roddenberry, puso a un calvo francés que en realidad era inglés en la silla del capitán.

A mí, de momento, me gusta bastante lo que veo.
Y la nueva Enterprise sigue siendo bastante icónica. En el fondo, ¿no es eso lo único que importa?

miércoles, 8 de octubre de 2008

Un gran paso para la hispanidad


¿Crisis? ¿Qué crisis? Para crisis la del año 2530, con la Tierra convertida en un infierno apocalíptico (tan mal como ahora pero en grado superlativo). Y como última esperanza de la humanidad, la nave interestelar Plutón BRB Nero (siendo BRB las iniciales del astillero donde se construyó, Biotechnological Research Badajoz), enviada a las profundidades del espacio con 5.000 colonos en animación suspendida en busca de un planeta habitable al que escapar. Al mando, nada menos que un marine español, el capitán Valladares (Antonio Gil), incompetente, inseguro, depresivo, que tan sólo se ofreció voluntario para perder de vista a la familia. Para suplir sus carencias cuenta con el gafapasta y pelota de Querejeta (Carlos Areces), su primer oficial, y con una neumática androide llamada Lorna (Carolina Bang), capaz de combinar las funciones de oficial científica y juguete sexual del capitán. Bajando por el escalafón se encuentran también un par de mataos: Hoffman, el técnico de mantenimiento (Enrique González) y Wollenski (Manuel Tallafé), robot calvo con melena, triste y desactualizado, perdidamente enamorado de Lorna (aunque ella sea mac y él pc). Mención aparte merece Roswell (Enrique Villén), extraterrestre resentido y homicida, capturado en USA en1947, un prisionero tan útil como guía espacial como Hannibal Lecter recomendando restaurantes. La dirige Alex de la Iglesia; la escriben Alex y Jorge Guerricaechevarría más Pepón Montero y Juan Maidagan (un par de guionistas de Camera Café), y la ponen los miércoles a las 23.30 en la 2.

Lo imposible ha ocurrido: sólo el chalado que debutó con Acción Mutante podría haber logrado levantar un proyecto semejante en una cadena española, remontando la actual estampida de vacas flacas. Star Trek, Doctor Who, Enano rojo… Las referencias (demasiado buenas para ser ciertas) que Alex de la Iglesia dejaba caer en las entrevistas han demostrado ser rigurosamente exactas aunque el presupuesto de Plutón BRB Nero no sea más que una fracción de la más barata de las tres (pero quién lo diría: rodada en cine, con esos decorados que aparentan inacabables y detalladísimos, mitad el Enterprise, mitad el Nostromo de Alien, y unos efectos digitales breves pero intensos, visualmente es una serie perfectamente homologable para la exportación). Ya que estamos, por qué no compararla también con Superlópez, otra brillante trasposición disléxica de un reconocible prototipo de fantástico anglosajón a nuestra realidad local más como de andar por casa (de hecho, ya que a Imanol Arias se le ha pasado el arroz, propongo a Antonio Gil - el capitán Valladares- como nuevo número uno en mi lista para interpretarlo).

Lo digo porque el humor de la serie, al menos de momento no tan negro como nos tiene acostumbrados el autor de Muertos de risa y La comunidad, me trae grandes recuerdos de los tebeos clásicos de la difunta editorial Bruguera, con sus historietas de personajes esmirriados y cara de subdesarrollo, pobretones frustrados e iracundos a menudo desempeñando oficios para los que demostraban una ineptitud notable (detectives, fontaneros, superhéroes), pero que en los que persistían tenazmente entrega tras entrega en lugar de terminar (o quedarse) despedidos, muertos o en la cárcel.
O quizá es simplemente que el equivalente más aproximado en imagen real de ese universo de papel y tinta es el esperpento naturalista de Berlanga, tradición a la que las comedias de Alex de la Iglesia se vienen apuntando desde siempre. Y para comprobar hasta qué punto Alex habría sido el director perfecto para echarse a la espalda a Mortadelo y Filemón bastan dos escenas del primer episodio de Plutón: el desmembramiento de Wollensky mientras Hoffman se hace el loco en vez de ayudarle, y la de la tortura inversa que aplican al alienígena Roswell (una sesión de amabilidad extrema). O simplemente comparar la eficacia cómica de Mariano Venancio en su papel del presidente terrestre Maculay Culkin III, un alarde de sobriedad y contención, con su interpretación como el superintendente Vicente en la película de Fesser, constantemente arrebatado por la histeria (suele ser importante que el personaje exhiba cierta dignidad antes de perderla al próximo chiste, por la cosa del contraste de situaciones y tal).

Todavía en el primer episodio a la mayoría del reparto (salvo Merche –Gracia Olano-, la esposa del capitán que aparece por videoconferencia) se les veía un poco inseguros, todavía buscando ese difícil equilibrio entre el arquetipo de ciencia ficción, el costumbrismo coloquial y la payasada a tumba abierta; para el segundo día la mejora saltaba a la vista: mucho más aplomo y convicción y el doble de risas en cada metida de gamba. Siempre es prematuro criticar una serie, sobre todo un producto tan complicado y tan ferozmente alienígena en nuestro panorama televisivo, a partir del episodio piloto: está la inevitable curva de aprendizaje, existen cantidad de dinámicas por establecer entre los personajes y muchos planes e ideas sobre un universo de nueva creación que sólo se revelarán en sucesivas entregas. “El origen de Roswell” giraba en torno a un McGuffin bastante tonto (casi un caso del inspector Yes), apenas una excusa para presentar a los personajes, y aún así contenía cantidad de gags geniales (el marciano que se alimenta de su propia bilis -“se lame, se lame por las noches”-, la mujer de Valladares echándole en cara que falte siempre a las reuniones del colegio, la declaración de Wollenski: “no tengo sentimientos pero me jode”…) y la promesa de grandes cosas por venir. El segundo episodio, “Tortugas en la barriga”, tan gracioso o más, incluye una escena antológica de paranoia espacial (las bolitas de migas de pan), intrigas políticas en realidad virtual (con intento de asesinato incluido), una parodia del test de empatía de Blade Runner, diversas variantes de amor, celos y sexo en el siglo XXVI (astronómicas facturas interestelares de teléfono erótico, la frustración amorosa de Wollensky, agobiante sexo salvaje con androides mal calibrados), una llamativa anomalía espacial y hasta un viaje en el tiempo con su inevitable paradoja. A partir de aquí, el cielo es el límite.

¿De dónde ha salido esta gente? A Antonio Gil no lo recuerdo de nada pero por lo visto tiene detrás una sólida carrera internacional (Chocolat, El mercader de Venecia) y ha trabajado en varias series inglesas, incluyendo un papel como comandante español en la miniserie Hornblower: retribution. Si es casualidad lo sería mucho porque las novelas de C.S. Forester sobre el capitán Hornblower y su guerra en el mar contra Napoleón son una de las fuentes de inspiración de Star Trek). Gil está estupendo como el capitán Valladares, dándole el punto justo de chulería y arrogancia imbécil para ocultar su inseguridad, punteado por ocasionales momentos de lucidez en los que recobra su humanidad. A Carolina Bang (la androide Lorna) la había visto en El intermedio haciéndose pasar por turista extranjera y ya entonces demostraba bastante vis cómica sacándole partido a ese físico que dios le ha dado de heroína de cómic (y con ella se rompe la maldición kármica de que todas nuestras rubias voluptuosas sean unas actrices tan nefastas). Manuel Tallafé (Wollensky), Enrique González (Hoffman) y Enrique Villén (Roswell) son secundarios habituales en las películas de Alex; de los tres, la gran revelación está siendo Tallafé: ese robot tan lleno de amargura tiene potencial para llegar a eclipsar al mismísimo Bender.
Y luego está Carlos Areces (Querejeta) que hasta hace poco no era actor sino un anónimo dibujante de El Jueves que ha acabado de fijo los miércoles noche en la 2 gracias a las malas compañías de cierta gente de Albacete. En los sketches de La hora chanante y Muchachada Nui el hombre borda los papeles de freak siniestro y de señora cabreada; Querejeta, personaje escrito a su medida pero de registros algo más complejos, está obligándole a estirar sus recursos y el tío está inmenso...

Un fracaso anunciado
El horario de Muchachada Nui y el product placement de Orange le dan a Plutón BRB Nero un ligero margen de supervivencia bajo el paraguas de la errática estrategia de la cadena pública para rejuvenecer al público de la 2. Sin embargo, son dos casos bien diferentes: a Muchachada se le consienten sus bajas cifras de audiencia en números tradicionales (es decir, descontando internet) porque presume de programa emblemático que, aún sin llegar a la categoría de éxito masivo (muchos no le ven la gracia ni se la verán, y eso es bueno: más felices serán cuando se vuelvan a juntar Cruz y Raya), se ha convertido en fenómeno de moda que está creando escuela y ha tenido un impacto innegable dentro del target de audiencia más deseado por los anunciantes (no hay más que ver todos los spots chanantes que han aparecido en los últimos tiempos: pavos, Richard Cleyderman, el cupido de la hamburguesa…).
En cambio, ¿una sitcom de ciencia ficción en la tierra del costumbrismo rancio y las series contenedor multigeneracionales para reir y llorar? La ciencia ficción (y mas todavía la variedad espacial) es un género prácticamente muerto en televisión (el público irá en masa al cine a ver naves y bichos raros y explosiones pero en cambio en casa prefiere ver comedias de familias residentes en Madrid). Para el espectador apático que se recuesta ante la tele entre jornada y jornada laboral, todo lo que se salga un poco de terrenos conocidos y mil veces explotados supone un esfuerzo inasumible si no directamente un insulto (y no es menos cierto sólo porque se trate en clave de comedia: ¿cómo se explica si no que Futurama nunca haya pasado de serie de culto?). Falla la identificación, aparece el aburrimiento, les parece un rollo de frikis que no tiene nada que ver con ellos (cuando de hecho es todo lo contrario: la ciencia ficción, en sus mejores momentos, permite dar un paso adelante para coger distancia y perspectiva y vernos mejor a nosotros mismos, quienes somos, donde estamos y hacia donde vamos).

Los 26 capítulos de Plutón BRB Nero, divididos en dos temporadas, saldrán en dvd pase lo que pase y muy bien tendría que ir para que le concedieran una prórroga (Alex de la Iglesia es un tipo muy ocupado, le espera el rodaje de La marca amarilla y se está dejando la salud en esta aventura televisiva). Ojalá me equivoque y exista un público para una serie como esta, pero si no, ellos son los únicos que lo pierden (a cambio, tendrán la tele que se merecen).

Links:
Página oficial de Plutón BRB Nero (con cantidad de información y donde se pueden ver on line los episodios ya emitidos)

El blog del rodaje de Alex de la Iglesia, inusualmente franco y actualizado casi a diario con sus últimas peripecias y reflexiones.

domingo, 10 de febrero de 2008

Incógnita y homicidio en primer grado


Este antiguo lector compulsivo de Agatha Christie está convencido de que la mayoría de las películas que se han hecho de su obra son tan interesantes como un documental de jubilados resolviendo sudokus. En la novela policiaca clásica tipo problema o acertijo, descubrir al asesino es un juego que requiere su tiempo: el autor va dejando caer las pistas que el detective y el lector recogen a la vez, enfrentados en una carrera para integrarlas en una teoría que relacione autoría, motivos, medios y oportunidad antes de que el listo de turno mande reunir a los sospechosos en el salón de té.

Reducido a la típica película de hora y media, sin embargo, es un combate amañado en el que el detective dispone de un tiempo infinito entre plano y plano para devanarse los sesos mientras el espectador se ve obligado a ingerir a ritmo de campanadas de nochevieja presentación tras presentación de personajes y múltiples tazas de asesinatos cada cual más pintoresco. O también se puede cortar por lo sano y señalar al culpable por el método lógico-paranoico de sospechar siempre del menos sospechoso. Total, al final es siempre la misma historia…

Lo mismo que la película basada en un videojuego tiene que ser algo más que una partida filmada, la adaptación de una novela policiaca, para evitar quedarse en un penoso sucedáneo de la experiencia original, deberia ofrecer algo más que el mero enunciado del problema y una solución al pie escrita al revés. Puede dejar de ser un juego y adentrarse en la realidad del drama, con personajes que actúen como personas de verdad envueltas en una turbia y confusa maraña que los llene de espanto y perplejidad, o bien transformarse en un gran espectáculo sensorial directo al estómago y demás sentidos.

Álex de la Iglesia, que no es un cineasta cerebral, sutil tejedor de atmósferas y relaciones, sino un expresionista torrencial y vehemente que se mete en la historia y la vive en las entrañas, le confesó a John Hurt que él no era el director apropiado para adaptar Los crímenes de Oxford (novela del argentino Guillermo Martínez sobre asesinatos en serie revueltos con series lógicas) y en cierto sentido no mentía. La supuesta primera película seria del director bilbaino (aunque en el fondo sea quizá la menos seria de todas) avanza con una lógica blanda y funcional que parece limitarse a engarzar las notables secuencias de violencia, horror y sexo en las que Álex demuestra una vez más sus poderes como cineasta, salvando las limitaciones del género por la vía de construir un thriller eficaz y emocionante que va por su lado mientras los personajes van por el suyo llenándose la boca de lógica y matemáticas (una paradoja de la que es plenamente consciente).
Pero la segunda incursión internacional de Álex de la Iglesia (tras la espléndida e incomprendida Perdita Durango) se queda en la mirada superficial del turista que está de paso por el país y por el género; forastero en tierra extraña, la plácida atmósfera de aburrido villorrio inglés de Oxford no parece haberle inspirado gran cosa, y a estos personajes tan anglosajones y arquetípicos les falta la chispa de reconocimiento y verdad que siempre late hasta debajo de la más esperpéntica de sus criaturas. Elijah Wood, Leonor Watling y Julie Cox hacen lo que pueden con sus papeles, pero el único que realmente se escapa con un personaje que vive y respira es John Hurt, ese matemático que declara inservibles las matemáticas, genio caprichoso, temperamental e irascible que es el corazón de la película y que de no haber sido inglés habría podido ser quizá compañero de claustro del Padre Ángel Berriartúa de El día de la bestia; este profesor Seldom que niega la posibilidad de aplicar la lógica a la vida, de reconducir la existencia a fórmulas previsibles y tranquilizadoras cuando la vida es caos, confusión y dolor, lo que nos está diciendo al final es que la vida no es una novela policiaca.

miércoles, 6 de febrero de 2008

El cine español también es persona

El escritor de ciencia ficción Theodore Sturgeon dijo una vez una frase que ha pasado a la posteridad como la Ley de Sturgeon: “El noventa por ciento de todo es basura”. Resulta que últimamente hay cierta gente empeñada en enmendarle la plana y convencernos de que, al menos respecto al cine que se hace en España, el porcentaje de mierda insalvable sube hasta el 100%... En tanto que saco un rato para terminar mi crítica de Los crímenes de Oxford ( y la de Cloverfield, alias Monstruoso), aquí os dejo, para vuestro entretenimiento y formación, este estupendo artículo que ha publicado hoy en El País Álex de la Iglesia en respuesta a un editorial especialmente insidioso e ignorante (y que a mí, que al contrario que él no tengo arte ni parte ni me llevo nada, me puso igualmente de los nervios cuando lo leí la semana pasada, poco antes de los Goya...).

Carta a EL PAÍS de un cineasta del país

POR ÁLEX DE LA IGLESIA

Hace unos días tuve oportunidad de leer un artículo (sin firmar) en la página de opinión de este periódico [El Acento, poniendo a parir al cine español en su conjunto, recomendándonos a todos poco más o menos que lo dejáramos y nos dedicáramos a otra cosa, que les haríamos un favor a los espectadores, hartos de nuestra torpeza. Si hablasen de mí lo entendería, porque para eso me pagan. Es mi trabajo y estoy acostumbrado. Pero lo que resulta indignante es que se juzgue con esa pasmosa ligereza a todo un gremio, a la profesión en su totalidad.

¿Se imaginan a alguien diciendo "todos los escritores de este país son aburridos", o "los pintores españoles cansan con sus cuadros de siempre", o "basta ya, por favor, de zapatos españoles, preferimos los italianos"?

Lo que realmente duele de estos palos no es la rotundidad con la que se formulan, sino todo lo contrario, lo alegremente que se escriben, como sin darles importancia. Da la impresión de que no afectaran a nadie. Y ahí se equivocan, porque el cine español no sólo somos cuatro torpes directores sin talento, sino cientos o miles de profesionales que viven de nuestras películas, muchas familias que tienen que buscarse la vida haciendo cualquier otra cosa, porque esto del cine cada vez se lo ponen más difícil.

Nadie nace sintiéndose parte de eso que se llama cine español. De hecho, cuando era joven era tan idiota que creía que mis películas iban a cambiar las cosas. Con los años he conocido a los profesionales que lo componen. Por eso puedo decir que estoy orgulloso de estar ahí, porque sé lo increíblemente doloroso que puede llegar a ser un rodaje, el milagro que supone el estreno de una película en un cine, y no digamos convertirla en un éxito.

Yo no puedo quejarme. Soy un privilegiado, pero intento no perder la perspectiva: amigos míos no tienen la suerte que yo. He visto películas magníficas que no duraban una semana en cartel y desaparecían para siempre. Por eso me gustaría comentar ese artículo. No sólo hablaba de mí, hablaba de amigos míos. Es cierto que no tengo ninguna necesidad. No es nuestro trabajo hablar de cine, sino hacerlo. Sin embargo, tengo la sensación de que es importante responder: si callamos parece que estamos de acuerdo, y os aseguro que no es así.

El artículo comenzaba hablando de cifras, y viene a decir que el cine español ha perdido 6,5 millones de espectadores. Estos datos dieron la vuelta a España en todos los periódicos. Lo gracioso es que, siguiendo esas mismas cifras, el cine "extranjero" ha bajado 12,5 millones. Casi el doble. O sea, que la noticia real es que todos los cines bajan, el francés, el inglés, el americano... No sólo el español, que curiosamente baja menos que el resto. Baja el cine porque todo el mundo tiene uno en casa, con Dolby Digital. El culpable es el DVD y las descargas por Internet, lo sabe todo el mundo. ¿Por qué cargar las tintas sobre el cine español? No lo entiendo.

Otra noticia falsa que nos tuvimos que tragar esos mismos días señalaba que la película más taquillera del año pasado fue Piratas del Caribe 3. Bueno, pues resulta que el Ministerio de Cultura no contabilizó los tres últimos meses (no me pregunten por qué). Contando el año entero, la más taquillera del año pasado fue una española, El orfanato, la espléndida película de Juan Antonio Bayona. ¿No es asombroso y terrorífico que nos echemos piedras a nuestro propio tejado?

En el artículo se menospreciaba, al mismo tiempo, el éxito de Javier Bardem y Alberto Iglesias con sus nominaciones a los Oscar, porque el trabajo de ambos "se enmarca en producciones hollywoodenses". ¿Menospreciarían los británicos el trabajo de John Hurt en mi película porque trabaja en una producción española? Además, ¿en qué industria cinematográfica han visto los americanos el trabajo de Javier y Alberto? ¿En la coreana? Dice el artículo "no es exactamente el cine español lo que se reconoce en los galardones". ¿Qué pasa? ¿Un actor o un músico español deja de serlo porque trabaja fuera? ¿Deja de ser español Fernando Alonso porque trabaja con Renault?

El último párrafo es realmente cruel. "Con unas cuentas o con otras, parece demostrado que el cine español interesa cada vez menos". Yo creo que está ocurriendo exactamente lo contrario, tras los últimos éxitos de El orfanato, El laberinto del fauno, Las 13 rosas, REC, y tantas otras, entre ellas la de un gordo impresentable que era número uno en taquilla el mismo fin de semana que se publicaba el artículo. Y después, ¿qué película era la más vista? Mortadelo, y no me parece precisamente una película extranjera.

Dice el artículo que nos limitamos a "tres o cuatro fórmulas" -la Guerra Civil, el drama social y la comedia de costumbres-. ¿Es eso cierto? Creo que no. No ahora. El cine de género ha vuelto, vemos películas de terror, suspense, vemos comedias y dramas, y además las nuevas generaciones apuntan alto: Los cronocrímenes, la estupenda película de Nacho Vigalondo, tiene dificultades para estrenarse aquí, en España, pero no para estrenarse en Estados Unidos. Las películas que se hacen en este país puede que sean mejores o peores, como todas, pero no son previsibles. No más que las de Hollywood, se lo aseguro, y si no pregúntenselo a Sandra Bullock. A todos nos gustaría poder ser igual de previsibles que Piratas del Caribe 3, pero no podemos porque necesitaríamos aumentar nuestro presupuesto unas cien veces para rodarla, y quinientas veces para promocionarla. Sin embargo, luego competimos en igualdad de condiciones y Jack Sparrow nos saca de los cines porque necesita nada menos que ochocientos cincuenta.

Pero actualmente, el cine que se hace en este país es muy diverso. El orfanato y La soledad compiten juntas en nuestros premios, y gracias a los académicos, la ganadora, cuya vida comercial en las salas había finalizado, puede tener una nueva oportunidad.

Una de las armas que a algunos periodistas les gusta utilizar es insistir en que el cine español está subvencionado, que malgastamos el dinero del contribuyente en tonterías que no interesan a nadie, que vivimos del cuento. Esto es injusto. Una vez decidí producir una película. Tuve que hipotecar dos veces mi casa para pagar los intereses de los créditos y así poder rodarla. Todavía tiemblo al pensar que puse en peligro a mi familia por una película. Para acabarla necesité seis veces el dinero que me otorgaba el Ministerio de Cultura. La subvención me llegó un año después del estreno, y con ella pagué lo que debía en hoteles y laboratorios.

Las subvenciones ayudan al cine, para eso están, como ayudan las que reciben los del teatro, los deportistas, los agricultores, los farmacéuticos o tantos otros. Pero no protegen. Yo no puedo comprar naranjas marroquíes en España, aunque se encuentren a 14 kilómetros y sean diez veces más baratas. Tengo que comprar naranjas españolas. ¿Se imaginan que ocurriera lo mismo con el cine?

Los productores en España se juegan la piel, como muchos otros profesionales, pero pocos son menospreciados en los periódicos como ellos. La gente no lo sabe, y por eso escribo este artículo. Creen que los del cine vivimos una fiesta continua, rodeados de canapés y champán. Y así debe ser, porque nadie va a ver una película de alguien que nos aburre con sus problemas.

Ahora bien, otra cosa es proyectar una visión malintencionada de nosotros. Lo que se decía en ese artículo sobre el cine que se hace en este país no es cierto. Y titular otro artículo "¿Por qué no gusta el cine español?" es tendencioso. Parece que existe la intención de darlo por hecho. Sería más respetable decir "¿Gusta el cine español?".

El público, a mi entender, y dicho desde la más profunda humildad, sigue apostando por nosotros. Nunca vamos a superar las cifras del cine americano porque literalmente es imposible, pero alguna que otra vez, gracias al público, lo conseguimos. Son algunos medios de comunicación (por razones que no voy a entrar a considerar aquí) los que intentan cambiarlo.

Álex de la Iglesia es director de cine.

martes, 20 de noviembre de 2007

El asesinato, una salida universitaria


Hace algun tiempo adopté como política de empresa pasar de colgar trailers de futuras películas con buena pinta (porque los freaks interesados ya sabéis donde encontrarlos y los que no, pues es absurdo). Pues hoy toca una excepción con Los crímenes de Oxford:




Los crímenes de Oxford es lo próximo de Alex de la Iglesia (y su inseparable coguionista Jorge Guerricaechevarría), que a la hora de la verdad, cuando hay que dejar dos y quedarse con uno, posiblemente sea mi director español favorito; ese humor negro, esa mala leche, ese costumbrismo cañí, esos antihéroes patéticos, esa energía torrencial, esa fantasía desbocada, esa amor tan puro por todas las ficciones baratas y lo que para otros es basura… El director bilbaíno es un temerario que siempre se tira en plancha haya o no haya bastante agua en la piscina (pero hasta sus contados semifracasos son pura épica). Y con esta película en concreto me tiene un poco preocupado... Como podéis ver en el trailer, se trata de una coproducción internacional rodada en inglés y en Oxford, Inglaterra, protagonizada por Elijah Wood, John Hurt y Leonor Watling, basada en la novela homónima del argentino Guillermo Martínez. Y por lo visto, es un thriller completamente en serio.

La novela me la leí hace un par de años en un ratillo durante un vuelo de 12 horas y me pareció bastante ingeniosa, una especie de El nombre de la rosa light que sacaba buen partido del ambiente matemático y de alguna de las teorías que manejan esos tíos en bata, pero en el fondo poco más que otra novela policiaca de las de toda la vida un poquito más currada.

El trailer se parece un montón a lo que recuerdo pero aquí lo importante van a ser los detalles ¿Habrán conseguido De la Iglesia y Guerricaechevarría elevarse sobre el material de partida y llevar la historia a su terreno? La respuesta el 18 de enero.