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miércoles, 28 de julio de 2010

Islas y continentes

1. The Long Con   
Durante un cuarto de hora yo también odié el final de LOST (ponga usted lo que quiera: horror, incredulidad, desconcierto). Luego me inundó una sensación de paz, plenitud y desapego por las cosas de este mundo que me tuvo varios días descuidando obligaciones e higiene personal, flotando con una sonrisilla medio idiota no muy distinta a la de Desmond tras su iluminación (esto es, cuando no me asaltaban las lágrimas al recordar de pronto algún momento concreto). Difícil no apreciar la semejanza con la reacción de los mismos personajes de la serie en el instante en que despiertan del Limbo y reviven los episodios de su propia historia ya cerrada, todos unidos en la misma absurda catarata de emociones, sin comprender muy bien todavía ni cómo ni por qué.

Allá por 2004 los concursos de tele-realidad gobernaban las ondas, la series de ficción se batían en retirada y algún ejecutivo de la cadena ABC que quería mimetizarse con el entorno encargó a J.J. Abrams algo así como una versión dramatizada de Supervivientes con unas gotas de Robinson Crusoe, El señor de las moscas y Parque Jurásico. Abrams y su colega Damon Lindelof sopesaron la propuesta, se la llevaron al laboratorio para hacerle unos ajustes y rápidamente lanzaron un episodio piloto.
Aquella bola de nieve echó a rodar por la pendiente cogiendo velocidad y volumen hasta formar una inmensa mole de tramas, personajes y misterios, un verdadero circo ambulante de cien pistas que acabó por declararse independiente y saltar a su propia realidad paralela seguido de una ávida audiencia millonaria y multimedia. A la sombra de su éxito se lanzaron sucedáneos y clones que se estrellaron uno tras otro a falta de ese toque secreto capaz de resucitar en jóvenes y adultos de vuelta de todo la misma pasión adolescente de las primeras
incursiones en la ficción, cuando descubrir una nueva historia y descubrir el mundo parecían parte del mismo viaje si no la misma cosa.

Y llegó el día en que aquella nube cuántica de preguntas, teorías, esperanzas y temores tenía que colapsarse en una foto-finish, y en todo el mundo millones de espectadores ansiosos se asomaron a la vez a sus cajas luminosas, cada cual aguardando ver brotar justo lo que había soñado. ¿Cómo evitar decepcionar a algunos?

Hay bastantes que describen un choque similar al mío (fuimos los que tuvimos más suerte). Otros, que en las primeras horas se sintieron frustrados por la falta de respuestas de un desenlace que no era el que que habían pedido ni el que imaginaban, tras un periodo de duelo acabaron por reconciliarse con él con efecto retardado. Finalmente están los que se volvieron asqueados con una conclusión tan mística, incoherente y blandengue, todos los estafados a quienes en el último momento Damon Lindelof y Carlton Cuse dieron el cambiazo para arruinarles la fiesta.

Y escuchando las razones de cada cual, uno se queda con la impresión de que el final de LOST es como un chiste del que algunos nos reímos y otros no, pero que en realidad la mayoría no hemos terminado de entender. Y a los racionalistas cartesianos, al final, las experiencias inexplicables nos  ponen muy nerviosos...

Parte 1 de 8
Texto completo en pdf, aquí: 

domingo, 13 de junio de 2010

J.J. Abrams de telonero


Pues yo estaba escribiendo una cosita sobre el final de LOST que me está costando sacarla adelante tres cadenas perpetuas... Como para entonces probablemente ya nadie se acuerde de qué iba aquello de los flashbacks del calvo y el gordo de las melenas, más vale que enlace mientras tanto esta simpática charla de 2007 de J.J. Abrams donde el muy pájaro, mientras explica la Filosofía del Misterio que aplica en todos sus trabajos,  entre líneas adelanta exactamente cómo va a terminar la serie. Se le pueden poner subtítulos en castellano y todo...





http://blog.ted.com/2008/01/jj_abrams.php

domingo, 2 de mayo de 2010

Sintonías pavlovianas


Cuando el pérfido y hortera productor de cine y tv Jerry Bruckheimer, a quien debemos, entre otras modernas plagas, la práctica totalidad de la carrera de Michael Bay, sea juzgado por crímenes contra la humanidad, tal vez su única ocasión de salvar el cuello sea alegar ante los miembros del jurado una única buena acción: “¡Yo descubrí a los Who!”

Lo cual, si no históricamente cierto, será la pura verdad al menos para las sucesivas generaciones que ni siquiera habían nacido cuando estos míticos carrozas de la era perdida de los titanes del rock dominaban las ondas. Bruckheimer es el productor de la gran familia CSI (Las Vegas, Miami y Nueva York), donde cada serie de la franquicia emplea como sintonía un tema distinto de la banda británica (Who are you, Won´t Get Fooled Again y Baba O´Reilly, respectivamente).

Pete Townshend y Roger Daltrey, tras vender al diablo tres de sus clásicas a cambio de un lugar al sol en su años postreros y una fortuna en royalties, y ya metidos en el negocio de las musiquillas televisivas, incluyeron en su album de 2006 Endless Wire una canción sobre la forma en que algunas de estas sintonías estremecen el corazón hasta de los tíos más adustos y encallecidos, actuando como una especie de pasaje de vuelta a los emociones más puras e intensas de la infancia. Se llamaba Mike Post Theme, homenaje de Townshend a un auténtico profesional de la música para televisión, el hombre que compuso los temas de El Equipo A, MacGyver, Magnum PI, El gran héroe americano, Blossom, Remington Steele, Canción triste de Hill Street, La ley de Los Ángeles y un ciento más. Mike Post (Los Angeles, 1945) es el responsable de buena parte de la memoria sentimental televisiva de los niños de los 80 y no sé a qué espera la puñetera Generación Nocilla para hacer algo útil con su nostalgia y lanzarse a reivindicar a este genio casi desconocido (desde aquí queda hecho el llamamiento).

Los músicos de televisión sufren un estigma parecido al que solían padecer los actores de TV: por buenos que sean nadie los toma en serio hasta que triunfan en el cine. Algo así le ha pasado a Michael Giacchino (Riverside Township, Nueva Jersey, 1967), que empezó componiendo música para videojuegos (Lost World: Jurassic Park, Call of Duty, Medal of Honor) hasta que J.J. Abrams lo llamó para trabajar en la música incidental de su serie Alias, iniciando una fructífera colaboración que en la pequeña pantalla han prorrogado con Lost y Fringe* y, en el cine, con la banda sonora de los dos largos que ha dirigido el astuto gafapasta, Misión Imposible III y Star Trek (además del tema final de Cloverfield, película sin música por lo demás).

Pero donde el gran público ha acabado por descubrir a Giacchino ha sido en sus trabajos para Pixar: la banda sonora de Los Increibles (formidable pastiche sesentero del sonido de John Barry para la serie Bond), Ratatouille y finalmente las agridulces melodías de Up por la que este año se ha llevado con toda justicia el oscar a la mejor banda sonora. Merecido porque Giacchino es uno de los mejores compositores surgidos en la última década, dueño de un sonido inconfundible marcado paradójicamente por los contrastes: además de un dominio tremendo de la melancolía en sus melodías casi satinianas,  es un maestro en la creación de atmósferas de tensión con instrumentación ruidista y cacofónica, y un poderoso autor de temas de acción pura y dura con gran presencia de la percusión. ¿Y dónde mejor para exhibir su gama completa de registros que en la serie que es tantas series a la vez? (relato de supervivencia, aventura mitológica, culebrón, ciencia ficción, cuento dickensiano, serie de médicos, cine oriental de gangsters...).

Hace muchos años le escuché decir en la radio a Santiago Segura que, si coges una escena de un tío saltando bancos en el parque y le añades la música de Misión Imposible (del argentino Lalo Schifrin), hasta esa tontería de repente ya parece algo. Lost no depende hasta esos extremos de su banda sonora (cuenta con otras muchas virtudes: grandes ideas, los guionistas más temerarios del mundo y un magnífico reparto) pero la música de Giacchino es bastante más que un personaje más: en muchos sentidos es el alma de la serie.
Como muestra, este anuncio tan divertido que sirve de promo para el inminente final de la aventura, pensado a mala idea para dejar a cualquier fan de la serie con los ojos empapados... ¿Será porque nos reconocemos a nosotros mismos dentro de tres semanas, o será más bien una simple respuesta condicionada a seis años de escuchar esa musiquilla en los momentos más tristes de la serie?




*Giacchino firma la música incidental pero el propio Abrams, que es un manitas tipo Amenábar, es quien ha compuesto los temas centrales de Alias y Fringe además de diseñar personalmente sus títulos de crédito. También diseñó los de LOST que, en cambio, como tantas otras series contemporáneas que van justas de tiempo con tanto anuncio, carece de tema principal.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Deberes del verano 1: Star Trek


Admitamoslo: lo que más me gustó del Star Trek de JJ Abrams es lo mucho que le ha gustado a todo el mundo: sonrío con gratitud al recordar las críticas entusiastas y la pasta que ha ingresado (uno de los taquillazos del año en EEUU, por encima de Terminator Salvation y Lobezno o de Iron Man el verano pasado, y notable éxito como sleeper en la Europa continental gracias al boca a boca, que no a la rácana campaña publicitaria del estudio). Un auténtico chute de esteroides para la moribunda marca espacial, una aventura espectacular y efervescente que ha abierto la serie al público masivo manteniendo su esencia pero barriendo las telarañas.

Yo la ví tres veces en el cine y cada vez más contento, pero como fan de veinte años de la franquicia, esto no es lo que yo habría pedido. Yo prefiero la ciencia ficción dura a la space opera y Star Trek me gusta más cuando se parece a Asimov que a Flash Gordon, a Planeta prohibido que a Star Wars. Pero lo que yo habría hecho no lo habría ido a ver ni dios, y la película de Abrams, que para unos pocos fundamentalistas son dos horas de ruido y furia contadas por un idiota, resulta ser justo lo contrario: en una serie multimedia donde la rama televisiva siempre le ha dado mil vueltas a la cinematográfica, llena de largometrajes cutres que disfrazaban sus torpezas con citas de Shakespeare y pretensiones temáticas de pacotilla, Star Trek (2009) es un trabajo deslumbrante a varios niveles con todo el mecanismo cuidadosamente oculto bajo la superficie para no asustar a nadie.

Y eso a pesar de una trama bastante bizarra como casi todas las que cocina Abrams: Misteriosas naves gigantes que arrasan con todo a su paso, viajes en el tiempo, universos paralelos, esa materia roja capaz de crear un agujero negro en el corazón de un planeta... Poca idea nueva en lo fantástico, más bien un refrito de greatest hits del pasado hábilmente engarzados con el objetivo de detonar desde dentro el universo trek con toda la documentación en regla. La alteración de la línea temporal es el tunel metanarrativo por el que los nuevos responsables de la saga se fugan de los grilletes de sus 43 años de historia para reinventarla en sus propios términos (demostrando rápidamente que no hay vaca lo bastante sagrada, con ecos del 11-S y otras catástrofes humanas del siglo XX), creando un desconcertante híbrido entre (falsa) precuela, secuela (lo que explica el retorno de un anciano Leonard Nimoy cerrando el círculo como el Spock original) y spin-off de sí misma con los mismos protagonistas. Un nuevo comienzo en todos los sentidos para estos entrañables personajes arquetípicos nacidos en la televisión de los turbulentos 60 para llevar hasta el espacio y en son de paz la Nueva frontera de J.F. Kennedy.

Abrams ya ha demostrado en TV con Alias, Perdidos y Fringe (y en el cine, hasta cierto punto, con Cloverfield/Monstruoso) que el público mayoritario se apunta sin problemas a los conceptos más rematadamente extraños siempre y cuando encuentre una conexión emocional con los personajes. En ese sentido, Star Trek 2009 es, antes que nada, una típica historia de crecimiento y superación frente a la adversidad y la pérdida, así como el relato del nacimiento de una improbable amistad entre dos seres en apariencia opuestos, dos jóvenes desorientados, marginales en sus respectivos mundos, ignorantes del inmenso potencial que acumulan. El encuentro con el Otro ha sido siempre el gran tema subyacente de Star Trek: contactar, conocer y con suerte aprender a convivir en paz y mutuo enriquecimiento con esa criatura diferente y misteriosa de otra raza, sexo, nación o ideología. ¿Qué mejor punto de entrada entonces para el reinicio de la saga que el primer contacto entre los miembros de la tripulación original de la nave Enterprise?

Puede que no sean exactamente como los recordábamos (salvo en el caso del doctor McCoy, un Karl Urban poseido por el espíritu del difunto Deforest Kelley) pero tienen excusa: son jóvenes, inexpertos, han crecido en una realidad alternativa y los interpreta una nueva generación de actores (Chris Pine, Zachary Quinto, Simon Pegg, Anton Yelchin y Zhoe Saldana como una Uhura más implicada en la acción que nunca), un fantástico reparto de futuras estrellas capaces de fundirse con estos personajes icónicos evitando las trampas de la imitación. Bruce Greenwood como el veterano capitán Pike brilla como ancla moral de la historia y figura paterna del desorientado Jim Kirk, mientras que un Eric Bana irreconocible queda francamente desaprovechado en un papel de villano vengativo que es más fuerza desencadenante que otra cosa, un Otro al que no hay tiempo ni ganas de tantear.

La película de Abrams (del que nadie se atreverá a decir ya que tiene un estilo televisivo como director) es un producto populista que se adapta a las reglas de juego que impone el actual Hollywood, la ley del blockbuster o nada: un espléndido episodio piloto, el caramelo en la puerta del colegio para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas, un primer paso imprescindible para rescatar a la franquicia del agujero negro de la extinción. Pero la mejor ciencia ficción es por naturaleza subversiva (puesto que introduce la duda que lo que es ahora vaya a seguir siéndolo indefinidamente), y aunque esta primera entrega cumple brillantemente su misión de destruir las certezas y prejuicios del público trekkie, para el espectador en general el viaje hasta el momento ha resultado todavía demasiado cómodo y libre de riesgos. En aras de una experiencia colectiva más equitativa, ¿qué tal una secuela al menos tan adulta y provocadora como aquellos primeros episodios de efectos visuales prehistóricos y decorados de cartón, pero cuya carga mítica ninguna película de la saga ha conseguido hasta ahora emular? La gran película de Star Trek está todavía por hacer: parafraseando al capitán Pike, el reto es hacerlo todavía mejor.

viernes, 1 de mayo de 2009

A siete días de la última frontera



Una de las peores cosas que internet ha traído al mundo de los fans es la obsesión por el éxito y el fracaso comercial: convertidos todos en expertos en marketing por la universidad de la vida, los foros temáticos revientan de especulaciones sobre cuantos millones deben recaudar Lobezno, Terminator Salvation o Hannah Montana para cubrir gastos y cuantos para ser un éxito, de debates sobre la oportunidad de estrenar en navidades o en mayo considerando la competencia, o ahora mismo sobre la influencia en la taquilla de la gripe porcina.

Admitamos que tanta preocupación por las entretelas económicas de la fábrica de sueños tiene cierta base racional: el éxito o el fracaso de una línea de negocio determinará si el chorro de esa marca concreta de diversión y fantasía se corta o sigue fluyendo (aquí no se hace nada por amor al arte, amigos). Pero nada más rascar un poco descubrimos otro motivo subyacente más inconfesable: la aceptación masiva o la falta de popularidad de la franquicia de sus amores repercute personalmente en la autoestima del fanboy que, en el fondo, sólo quiere que le quieran aunque sea por objeto interpuesto.

Caso concreto: Dentro de siete días los trekkies pasaremos por nuestro propio desembarco en Normandía con el estreno mundial simultáneo de Star Trek (a secas) de J.J. Abrams, la película que se juega a una sola carta el futuro de la saga (que de todos modos ya estaba muerta cuando el creador de Alias, Perdidos y Fringe aceptó encargarse de reinventarla a lo grande para el siglo XXI contando los orígenes y primer encuentro del capitán Kirk y Mr. Spock).
Y claro que hay nervios, los ha habido durante dos años largos, desde el mismo anuncio del proyecto. Nervios por la selección del reparto, por el currículum de los guionistas, por el presupuesto (demasiado, decían algunos), por el cambio en la fecha del estreno, por el diseño de los uniformes y del Enterprise, por si era una precuela o un reboot, por si salía o no salía William Shatner, porque los trailers no se parecían en nada a la serie de televisión de los 60, por la aparente falta de promoción fuera de EEUU… Para algunos han sido dos años constantes de pura histeria y hasta hoy. Inútil que el boca a boca de los preestrenos esté siendo abrumadoramente positivo, que esté cosechando críticas fabulosas de la prensa seria y la de internet (100% favorables de las recogidas hasta ahora en Rottentomatoes.com y una recomendación del 93% de la Broadcast Film Critics Association, la mayor asociación de críticos de EEUU y Canadá) y de los espectadores no alineados; basta con que un enfurruñado trekkie francés escriba en un foro que es peor que cualquier episodio de cualquiera de las series (porque, desde su punto de vista no les guarda el debido respeto) para que los incrédulos y cenizos vuelvan a hacer saltar las alarmas, siempre poniéndose en lo peor.
Pues hasta aquí hemos llegado: El martes pasado compré la Fotogramas y leí la crítica de Jordi Costa, y ese mismo día me bajé la banda sonora compuesta por Michael Giacchino, y ahora estoy seguro de que no hay nada que temer, de que nuestra paciencia ha sido recompensada y el transplante al nuevo cuerpo ha funcionado. Que empiece el Renacimiento.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Y a continuación, algo completamente diferente



El mismo día en que Alex de la Iglesia ha anunciado con pesar en su blog que en breve concluye definitivamente el rodaje de Plutón BRB Nero (porque es el destino de toda serie de ciencia ficción que se precie terminar prematuramente, y porque aunque no ha ido mal para la media de la 2, tendría que haber ido mucho mejor para haberles prorrogado más allá de los 26 episodios), se publica oficialmente el segundo teaser-trailer de Star Trek (2009), la película que tiene en sus manos la salvación del género space opera tras la escabechina de las Galaxias, o al menos hasta que James Cameron estrene Avatar...
Este trailer (en inglés, claro) lleva todo el fin de semana pululando por internet causando sensación en cutreversiones pirata, así que ahora que ya se puede ver en condiciones no me seáis vagos y pinchad en
apple.com/trailers
para escoger la versión quicktime más grande que soporte vuestro aparato (donde pone Trailer 2, apartado HD), porque es una cosa muy moderna y llamativa, de mucha velocidad y detalle, y además aquí no salen ballenas ni señores mayores metiendo barriga (pobre Shatner).
Tampoco hay, para compensar, ninguna estrella en el reparto salvo un irreconocible Eric Bana haciendo de villano, aunque por ahí anden también Wynona Ryder, Simon Pegg, Karl Urban, la doctora Cameron y el malo de la serie de Heroes. En cambio se ve mucha pasta en efectos, unos diseños bastante interesantes y el apunte de un argumento que de pronto se ha revelado (leyendo entre líneas) mucho más intrigante que simplemente otra precuela sobre cómo se conocieron el capitán Kirk y el señor Spock. ¿Sera suficiente para picar la curiosidad del público generalista? Vosotros diréis; de todas formas aún les quedan seis meses hasta el estreno para seguir vendiendo la moto.

Mientras tanto, la película de J.J. Abrams amenaza ya con producir el mayor cisma entre fundamentalistas y renovadores de la Franquicia (franquicia que estaba muerta tras años de deslizarse a la irrelevancia cuando él decidió recogerla) desde el día en que su creador, Gene Roddenberry, puso a un calvo francés que en realidad era inglés en la silla del capitán.

A mí, de momento, me gusta bastante lo que veo.
Y la nueva Enterprise sigue siendo bastante icónica. En el fondo, ¿no es eso lo único que importa?

domingo, 19 de octubre de 2008

Star Trek begins (at last)


Es el principio del fin: estos pocos fotogramas (junto a un reportaje en profundidad en la revista Entertainment Weekly) son la primera grieta en la campana de silencio que cubre desde hace casi dos años la versión de J.J. Abrams de Star Trek (¿remake? ¿precuela? ¿de todo un poco?).

Permitidme por consiguiente dar unos cuantos botes de alegría, apenas nada comparados con los que daré en noviembre cuando aparezca el primer trailer con imágenes de la película junto con Quantum of Solace (o si no, en internet). El estreno, a finales de mayo.












domingo, 10 de febrero de 2008

Mal día en Nueva York


Godzilla vs. La Bruja de Blair, efectivamente. A menudo las ideas simples son las que mejor funcionan pero después hay que saber sacarles punta, y a este respecto Cloverfield (rebautizada aquí Monstruoso) es una obra modélica en su engañosa simplicidad de falso documental, incontrovertible testimonio de lo que no puede ser y además es imposible. O lo que es lo mismo, la presunta filmación encontrada (cámara en mano, veneno para estómagos delicados), crónica sin preparar de las temerarias correrías nocturnas de cuatro yuppies por el corazón de Manhattan durante el ataque de un daikaiju, uno de esos monstruos gigantes que vienen asolando Tokio de cuando en cuando desde mediados de los 50.
Nos cuentan que la han hecho por cuatro duros (relativamente, que no deja de ser una superproducción norteamericana) y eso sí que resulta increíble porque, aún rodada a ras de suelo, la cinta se mueve en una escala verdaderamente épica. Y es verdad que los ecos del 11S están por todas partes pero la película no tiene mucho que decir sobre aquellos hechos, ese no es su juego ni hay que buscar en ella una versión metafórica de United 93 de Paul Greengrass. Se supone que el género de terror refleja en clave de ficción los temores del inconsciente colectivo de su tiempo (como Godzilla era literalmente hijo del terror atómico) pero el repelente monstruo de Cloverfield es una pizarra en blanco en la que resbalan metáforas y explicaciones (¿Efecto del cambio climático? ¿Experimento del gobierno? ¿Castigo bíblico? ¿Mascota de Bin Laden?) Tan descarada falta de referencias pone de los nervios a los que necesitan de razones, mensajes y coartadas intelectuales que les acoten lo que en esencia no es más que un absurdo espectáculo apocalíptico de serie B (¿qué demonios añadirían diez minutos de explicaciones sobre el origen del monstruo? Que cada cuál le ponga el que prefiera, al menos hasta el estreno de la secuela). Cloverfield salta directamente a la experiencia visceral en el mismo momento en que ocurre, antes de las explicaciones y las racionalizaciones, tan real como la vida misma.

Si [REC] de Jaume Balagueró y Paco Plaza, otro ejemplo bien reciente de falso reportaje de terror, pretendía tal vez ironizar sobre cierto modelo de televisión carroñera al enfrentar a un par de reporteros con una horda de zombis en la santidad de su propia vivienda (cutrerío que acababa por afectarla en su estructura y su retrato de personajes), Cloverfield toma como inspiración un instante posterior (y mucho más interesante) de la evolucion de los medios audiovisuales, la disgregación del punto de vista del universo Youtube, este momento de cambio de paradigma en el que la la cámara subjetiva del testigo presencial pasa a contar la noticia con más elocuencia que ningún reportero oficial que llegue a la zona cuando ya apenas quedan cenizas. No nos importa el origen del monstruo porque esta es sólo su historia de pasada, es el artista invitado y agente desencadenante de la aventura de esos pobres pigmeos que huían del hombre vestido de lagarto gigante en las películas de los estudios Toho, víctimas anónimas a los que esta vez el productor J.J. Abrams ha decidido convertir en protagonistas; vamos con ellos en sus momentos de desconcierto, pánico, puro horror e incluso de humor (sobre todo al principio), gente corriente atrapada en una situación inimaginable que les sobrepasa, para los que la catástrofe se convierte en la hora de la verdad donde cada cuál corre a aferrarse a lo esencial: mientras unos salvan el pellejo, Rob se dirige a salvar a su chica y sus amigos se niegan a dejarle sólo. ¿Estupidez? ¿Heroismo? El monstruo puede ser una esfinge inescrutable de pura fantasía pero la reacción de los protagonistas de Cloverfield se parece mucho a la que tuvieron bastantes neoyorkinos el día en que cayeron las torres.
Todo es, al final, un poco menos obvio de lo que parece, pero lo más extraordinario de la experiencia no es la criatura gigante sino esa idea de la cinta reutilizada que graba encima de la excursión a Connie Island de Beth y Rob, esos breves fogonazos del pasado que todavía emergen en los cortes, instantes del mejor día de sus vidas borrado por los acontecimientos del peor, como restos aún calientes bajo los escombros. Jordi Costa dice que Cloverfield es realmente una historia de amor y estoy por darle la razón porque es lo más auténtico que te llevas de la sala cuando concluye el artificio.

jueves, 18 de octubre de 2007

El puente del Enterprise

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos...

Ya está hecho. JJ Abrams (Alias, Perdidos, Misión imposible III) ha cerrado prácticamente el reparto de su próxima película; apenas queda por revelar algún que otro papel secundario y el nuevo diseño de la única nave espacial cinematográfica digna de tener un camerino propio...
Es más que posible, queridos amigos, que a vosotros, al contrario que a mí, Star Trek y su destino os la suden bastante... No por eso deberíais privaros de seguir con morbosa fascinación la mayor y más difícil operación de recasting jamás intentada: nada menos que sustituir a la vez a siete actores, intérpretes, para mayor peligro, indisolublemente unidos a estos personajes a lo largo de 30 años. ¿Por dónde se corta para separar a unos siameses unidos por el mismo cuerpo? A continuación, un pequeño desglose de equivalencias...

James T. Kirk (capitán)
Chris Pine
(Princesa por sorpresa 2, Devuélveme mi suerte, Ases calientes)

Anteriormente:
William Shatner


Spock (lógico extraterrestre)
Zachary Quinto
(A dos metros bajo tierra, 24, Heroes)

Anteriormente: Leonard Nimoy



Doctor Leonard `Bones´ McCoy (médico de a bordo)
Karl Urban
(Xena, la princesa guerrera, El Señor de los Anillos, Crónicas de Riddick, Doom, El mito de Bourne)

Anteriormente: DeForest Kelley


Montgomery Scott, Scotty (ingeniero)
Simon Pegg
(Spaced, Doctor Who, Shaun of the Dead, Misión Imposible III)

Anteriormente: James Doohan


Nyota Uhura (comunicaciones)
Zoe Saldana
(La terminal, Piratas del Caribe I, Avatar)

Anteriormente: Nichelle Nichols


Hikaru Sulu (timonel)
John Cho
(Solaris, Dos colgados muy fumados, Big Fat Liar)

Anteriormente: George Takei



Pavel Chekov (patriota ruso)
Anton Yelchin
(Curb your Enthusiasm, Policías de Nueva York, Mentes criminales, Alpha Dog, Charlie Bartlett)

Anteriormente: Walter Koenig



Y además, saliendo ya un poco de lo que es la nave...





Nero (nombre supuesto)
Eric Bana

(Hulk, Troya, Black Hawk derribado, Munich)

El malo





Spock (anciano en un futuro indeterminado)
Leonard Nimoy

(El superagente 86, Misión imposible, La invasión de los ultracuerpos)

Una vez más en la brecha, con las orejas postizas...



Ahí queda eso... Pero no os creáis que para aquí; otro día amenazo con seguir hablando del tema...

viernes, 27 de julio de 2007

Comic-Con 2007: el cielo de los geek

Todos los años se celebra en San Diego, California, USA, una gran convención nominalmente dedicada al comic pero que en realidad abarca todo un amplio surtido de intereses extramundanos (coleccionables, juegos, películas, tv…). La Comic-con es siempre un hervidero de noticias y primicias sobre futuros estrenos cinematográficos de fantasia y ciencia ficción que las productoras presentan en sus stands con la intención de poner los dientes largos a los enteradillos... A continuación, para quienes les interesen estas cosas pero sean demasiado vagos para buscar por sí mismos en la red, un breve resumen de lo acontecido hasta ahora:

Beowulf
Decepcionante presentación de lo nuevo de Robert Zemeckis (emperrado en seguir utilizando la técnica de captura de movimientos de Polar Express, supuestamente ahora más perfeccionada pero que salta a la vista que aún sigue en fase experimental; dicen que el guión adaptado de Neil Gaiman y Roger Avery es brillante, oscuro, adulto y salvaje, y el diseño de producción tiene buena pinta...)

http://www.apple.com/trailers/paramount/beowulf/


The Dark Knight

Primer teaser-trailer de la secuela de Batman Begins; se ve poca cosa, básicamente es Michael Caine/Alfred hablando en inglés sobre el logo de Batman y unas palabritas finales más risa diabólica del Joker para cerrar). Se mostró en vivo en la convención y por ahora en internet solo aparece en una versión capturada con el móvil en youtube...

(ACTUALIZACIÓN: aquí está la versión oficial en quicktime)


Sweeny Todd

El poster de Sweeny Todd: el musical adaptado por Tim Burton con Johnny Depp como el barbero asesino londinense…


¡Véalo en grande!






Watchmen

Se anunció finalmente el casting para la próxima película del director de 300 Zack Snyder, basada en la obra maestra de David Gibbons y el Dios del cómic Alan Moore...

casting con fotos




"¡No mentarás a Alan Moore en vano!"


Los continuos rumores de diversas superestrellas interesadas en interpretar a los superhéroes retirados (Tom Cruise, Jude Law…) al final se han quedado en nada, al parecer por falta de respaldo financiero del estudio; de aquí puede salir cualquier cosa, posiblemente un trabajo mediocre muy bonito de ver que vuelva a sacar de quicio a Mr. Moore.


Cloverfield/ Perdidos/ Star Trek

J. J. Abrams y su socio Damon Lindelof (el cerebro de Perdidos) tenían muchos temas en cartera pero, contar contar, poco más que lo imprescindible:


Cloverfield/ 1-18-08: o como quiera que se llame finalmente, va a ser una película con monstruo original y autóctono, la respuesta americana a Godzilla (“King Kong no vale porque es demasiado mono”).





Perdidos: los seguidores de la serie pegamos un salto al enterarnos del regreso en la cuarta temporada, de nuevo como personaje fijo, del más apestado superviviente del vuelo 815 de Oceanic.












Star Trek: Zachary Quinto, el psicópata comecerebros de Heroes, es, como se rumoreaba desde hace días, el joven y nuevo Mr. Spock. El nuevo y viejo Mr. Spock sigue siendo Leonard Nimoy, que sale del retiro por un guión “fantástico”. Abrams (un temerario que se declara más bien fan de Star Wars) aún anda buscando al nuevo capitán Kirk, sin que descarte del todo encontrarle algo que hacer al viejo (Hum, con todos los respetos por los servicios prestados, mejor no…). Ni palabra del argumento (falta más de un año para el estreno) pero el nuevo teaser-poster que utiliza la tipografía original de la serie sesentera emite fuertes vibraciones retro...


Indiana Jones IV

Aparición en video de Steven Spielberg junto a Harrison Ford, Shia LaBeouf (el supuesto hijo de Indy) y Ray Winstone (su nuevo socio) para presentar a otro miembro del reparto de quien se venía hablando mucho, hasta el momento sin confirmación oficial: Karen Allen como Marion Ravenwood. Que sigue fantástica 26 años después de En busca del arca perdida


miércoles, 11 de julio de 2007

El padre de los monstruos

Aquí se han olvidado de traerlo pero los espectadores USA de Transformers llevan flipando una semana con este intrigante teaser trailer (y la campaña paralela de marketing viral en internet que tampoco revela absolutamente nada) de la nueva y supersecreta producción de J.J. Abrams, creador de Perdidos (advierto que la versión de Youtube pierde mucho, vale más verlo en condiciones en un quicktime decente: http://www.apple.com/trailers/paramount/11808/).

Abrams es un auténtico genio para la fabricación de enigmas: inicialmente bajo el título tapadera de Cloverfield (aunque ahora han pasado a referirse a ella simplemente por la fecha de su estreno, 1-18-08, o sea, 18-1-08), se rumorea que la cinta pueda tener que ver con horrores lovecraftianos de Chthulhu aunque, saber, saber, nadie sabe nada... Con un reparto de desconocidos, dirigida y escrita por dos amigos de Abrams con los que ha colaborado anteriormente en televisión, será la película pequeña que su productora estrene el año que viene en asociación con Paramount. La grande, que se reserva para dirigir él mismo y que lleva aún si cabe con más sigilo, es la que va a suponer el auténtico desafio de marketing: vender como algo nuevo la reinvención en cine de Star Trek.