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domingo, 6 de febrero de 2011

Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros



Esta es, tal cual, la carta que acabo de enviar a la Defensora del lector de El País:

Buenos días, acabo de leer su columna de hoy dedicada al lamentable asunto del twitter de Vigalondo. Como usuario de esta red social que vivió en directo el desarrollo del incidente, al tiempo que suscriptor desde hace años de El País, me sentí confuso e indignado con el comunicado del día 3 en el que su diario se desvinculaba del cineasta, en concreto con esa línea que dice  "el periódico considera inaceptables e incompatibles con su línea editorial los comentarios vertidos por el realizador". Es decir, dando a un chiste de humor negro categoría de artículo de opinión capaz de quebrantar la línea editorial y los principios del diario. De hecho, concediendo entre lineas que algo había de cierto en las interesadas acusaciones de antisemitismo (“cuando el río suena”, etc). 
El humor, y más el humor negro, se mueve en un terreno resbaladizo, que a unos les puede divertir y a otros ofender o escandalizar pero solo un estúpido o un malvado sería capaz de interpretar literalmente las palabras de Vigalondo, como por lo visto ha hecho El Mundo y el ínclito Jimenez Losantos, aprovechando el caso como munición en su particular guerra de medios. Tiene delito que ustedes mismos publicaran hace apenas unos días un reportaje sobre humor y corrección política ( "No pongan corsé al humor") en relación a la polémica de los Globos de Oro presentados por Ricky Gervais. Chistes sobre el Holocausto, Auschwitz, cámaras de gas, etc, se vienen haciendo desde hace décadas por parte de cómicos de todo el mundo, muchos de ellos judíos, sin la menor connotación antisemita. No hay insulto, perjuicio ni víctima en esta clase de chistes, ninguna connotación xenófoba ni nada que ver con “chistes sobre pederastia, violencia de género y otras lacras que han causado y causan un enorme sufrimiento”, como afirma usted. “El dolor marca la frontera”, añade. Efectivamente, el humor negro es una de las pocas formas en las que la mente humana puede tratar mínimamente de conservar la lucidez ante el horror inimaginable de aquellas atrocidades.

Hoy leo que su director ha declarado: “Hay límites que no se pueden traspasar, y en este caso, los chistes superaron claramente la línea roja. No tienen defensa posible. Constituyen un insulto a los judíos y a cualquier persona honesta. En el humor, habrá cuestiones en las que se pueda discutir dónde esta el límite, pero con las expresiones utilizadas en esta ocasión sobre el Holocausto, una tragedia que costó la vida a millones de personas, no se pueden mantener ambigüedades.
Esto, además de manifiestamente falso (existen miles y miles de chistes sobre esa misma materia, véase Woody Allen, Sacha Baron Cohen, South Park...), es un insulto a Vigalondo y a cualquier lector con un mínimo de comprensión lectora.

Hay una línea moral que EL PAÍS y sus lectores tienen muy clara y que se ha traspasado. Con el cese de la campaña hemos querido disolver cualquier duda que pudiera haber al respecto y ofrecer disculpas a quienes se hubieran sentido ofendidos", termina el señor Moreno. Pues bien, no sé a qué lectores espera complacer con su desafortunada respuesta pero a mí, sin ir más lejos, me ha ofendido gravemente. Me ofende que se envuelva en grandes palabras y principios morales; me ofende esa contundencia absoluta y rotunda que no viene a cuento en un asunto de naturaleza claramente opinable; me ofende que invoque líneas rojas morales para lo que no es sino una polémica en un vaso de agua, una decisión empresarial pura y dura, entregar la cabeza de uno de sus colaboradores para resolver un potencial problema de imagen hinchado y manipulado por sus competidores.

Quizá al director de El País, tan pendiente de la economía, la política y las noticias “de verdad”, todo esto le parezca una simple anécdota irrelevante, un asunto de frikis de internet y cuatro chalados de las redes sociales. Yo, por el contrario, pienso que la hipocresía es el peor delito que puede cometer un medio de comunicación progresista y por consiguiente desde este momento anulo mi suscripción.
Un saludo

martes, 8 de julio de 2008

Las tijeras del tiempo


Sale uno todo feliz de ver Los cronocrímenes y de pronto cae en la cuenta del problemón que se le viene encima: escribir sobre ella sin destripar el argumento.

Podría intentar rodearla desde fuera y describirla como “comedia negra de ciencia ficción” pero el caso es que el ingrediente de comedia se acaba disolviendo en el fondo de thriller fantástico, y tampoco hay explosiones ni dinero para sacar a Will Smith dando botes. Digamos entonces (por aproximaciones, y por no meternos con Bioy Casares y Philip K. Dick) que es un improbable híbrido entre ciertos episodios de Futurama, el cine de David Cronenberg y lo que hacía antes de Airbag aquel prometedor Juanma Bajo Ulloa, una inexplicable anomalía en el páramo cinematográfico español (teletransportada en bolas desde un futuro posible cual terminator que viniera a reescribir la historia y abrir una nueva vía a nuestro amuermado cine de género). Frente al auge actual de un modelo de fantástico español demasiado pendiente de prototipos anglosajones y con cierto regusto a cocina recalentada de aeropuerto (aunque menos es nada), Los cronocrímenes, con apenas cuatro actores, un protagonista feo y antipático, su paleta de verdes, grises y negros y una notoria escasez de presupuesto, apuesta por la brillantez de un guión perfecto de ciencia ficción minimalista, un engañoso rompecabezas de causas y efectos de implacable desarrollo lógico a partir de una única pieza de fantasía, esto es, que en lo que parecen las instalaciones de un club de golf en un pleno monte vasco existe una máquina del tiempo experimental sin apenas vigilancia los fines de semana. Y aún así, las reglas del viaje en el tiempo se acaban cerrando sobre sí mismas en una tautología de pesadilla cuyo sentido último se deja deliberadamente al margen a la espera de las intuiciones del espectador.

Karra Elejalde interpreta con su habitual estilo naturalista de bruto empanado al protagonista, Héctor, un tipo absolutamente corriente atrapado de la manera más tonta en un engranaje inexorable de causalidad y obligado a jugar a un juego siniestro cuyas reglas va aprendiendo sobre la marcha. Tipo corriente que acaba haciendo cosas de las que jamás se habría creído capaz 24 horas antes, pero es que los escrúpulos se esfuman rápido cuando uno se autoconvence de que no le queda otro camino... Hasta qué punto se le puede hacer responsable de cuanto ocurre, hasta dónde todo forma parte de una secuencia inevitable o si acepta demasiado rápido convertirse en un peón de su destino, son sólo algunas de las muchas preguntas sin respuesta que la película deja planteadas con toda su mala sombra...

El director y guionista Nacho Vigalondo (que además se reserva para sí un papel clave de la historia), autor de numerosos cortos y nominado al oscar en 2003 por 7:35 de la mañana, director invitado en varios sketches de La hora Chanante y Muchachada Nui, es un tipo con discurso propio, un humor esquinado y lacónico y una mirada paranoica sobre lo cotidiano donde lo que parece no es nunca lo que es, y en cuyo universo la situación más prosaica suele ser la punta del iceberg de otra realidad mil veces más extraordinaria (y aún así igual de patética). Los cronocrímenes es su debut en el largo y a pesar de traer bajo el brazo varios premios internacionales y un inminente remake americano, le ha costado dios y ayuda estrenarla aquí. Pero ya se sabe que los pioneros siempre lo tienen más crudo…

domingo, 23 de septiembre de 2007

Cuidado con los cronocrímenes

Grandes críticas para el estreno mundial de Los Cronocrímenes de Nacho Vigalondo en el festival de cine fantástico de Austin, Texas:

“La mejor película de viajes en el tiempo en décadas”.
“Elegante, inteligente y más todavía, humana”.
“Absolutamente fantástica”

“Con un fondo de comedia negra y a la vez trágica, con alma y tremendamente entretenida”
“Devoción absoluta a su lógica interna” y al mismo tiempo “impredecible”
“Esta película de ritmo tenso, brillantemente construida, provocará espasmos de placer a cualquier fan de la ciencia ficción”.
“Un final perfecto que os hará salir del cine comentando y analizando, asombrados de lo que ha logrado el debutante Nacho Vigalondo”.
“Exactamente la clase de ciencia ficción de ideas provocativas para la que vivimos los fans del género. La mayor de las recomendaciones”.
(Harry Knowles y Massawyrm en Aint-it-cool news)

“Karra Elejalde está excepcional como Hector, un hombre corriente atrapado por fuerzas que pueden estar o no estar más allá de su control (…) Vigalondo arrastra rápidamente a la audiencia al dilema de Hector y, a través de los giros de la trama, no puedes evitar sentir más y más empatía por su situación. Con un presupuesto mínimo, Vigalondo ha rodado una película que luce estupendamente y proporciona una bienvenida capa de emoción al hábil manejo de los mecanismos del género.”
(Peter Martin, twitchfilm.net)


¿De qué va Los Cronocrímenes? Sinopsis de la cinta (protagonizada por Karra Elejalde, Bárbara Goenaga, Candela Fernández y el propio Vigalondo) extraída de su página oficial:

Un hombre que viaja accidentalmente al pasado y se encuentra consigo mismo. Una chica desnuda en medio del bosque. Un extraño individuo con la cara cubierta por un vendaje de color rosa. Una inquietante mansión en la ladera de una colina. Piezas de un puzzle impredecible que conducen a una insólita modalidad de crimen.

¿Quién es el asesino?...
¿Quién la víctima?


Nacho Vigalondo (Cabezón de la Sal, Cantabria, 1977), hombre de cejas picudas, antiguo guionista y director en Vaya Semanita (ETB) y al que algunos recordaréis por su corto musical 7:35 a.m., nominado a los oscars en 2005, terminó de montar la película hace cuatro días y todavía tiene el tema de la distribución completamente en el aire, así que un poco de ruido por el extranjero y algún premio que otro le vendrían de perlas (aunque igual ni por esas, porque el cine de género en España siempre lo ha llevado crudo). El próximo pase, en el festival de Sitges…

El blog de Vigalondo.