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domingo, 21 de diciembre de 2008

Goyas 2009


Miro la lista de candidaturas a los Goya y suelto una fina interjección. Los girasoles ciegos, única que no he visto de las cuatro principales, arrasa con quince nominaciones y no es que se me haya pasado por alto, es que no tenía ni puñeteras ganas de verla porque ha tenido una críticas flojísimas y me han hablado de ella fatal. ¿Y ahora, me gasto la pasta a disgusto o me abstengo de decir un palabra si luego va y se lo lleva todo el 1 de febrero? Aquí, a la hora de rascarse el bolsillo, es donde se demuestra su dedicación el crítico aficionado.
Y mira que me cae bien Jose Luís Cuerda (y Maribel Verdú) pero Cuerda como director dramático me parece un tío muy plano y escaso de recursos, y empiezo a sospechar que tanto reconocimiento para la enésima película sobre la guerra civil solo puede deberse a la reciente actualidad del tema (es decir, a motivos extracinematográficos) o a que Los girasoles es el guión póstumo de Rafael Azcona como adaptador (pero Azcona decía siempre que el guionista era la puta del director. O sea, que se lavaba las manos del resultado).
O quien sabe, igual es de verdad una obra maestra, aunque me cuesta creer que pueda ser mejor o más original, atrevida y emocionante que Camino de Javier Fesser, una de las mejores películas que he visto este año. Alex de la Iglesia está de acuerdo en que es su favorita, y no lo dice por cortesía, él mismo describió en su blog la conmoción que le había producido. Los Crímenes de Oxford, en cambio, sólo está ahí como reconocimiento a su competencia técnica y a su éxito de taquilla (lo único bueno que ha hecho Alex este año ha sido en televisión, la incomprendida Plutón Verbenero).
Sintiéndolo mucho por Ariadna Gil (que está estupenda en Sólo quiero caminar), el goya a mejor actriz tiene que ser para Carme Elías, que hace una interpretación que corta el aliento en Camino. No se me ocurre nadie mejor en cambio para mejor actor que Diego Luna por la peli de Díaz Yanes pero ¿qué posibilidades tiene contra Benicio del Toro haciendo del Ché? (otra que tampoco he visto).
Más: Penélope Cruz como mejor secundaria (Vicky Cristina Barcelona), Nerea Camacho como actriz revelación (Camino), mejor director novel para Nacho Vigalondo (Los cronocrímenes) y el resto, que gane el mejor.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Autopista al otro barrio


Camino (Javier Fesser, 2008) es una experiencia apabullante, un torbellino de emociones al límite que deja al espectador temblando en estado de shock (aunque no a todos por los mismos motivos). Acotándola por aproximaciones, podría hablarse de una especie de Mar adentro dirigida por Terry Gilliam (aunque sea en casi todo el reverso absoluto de la película de Amenábar)- O quizá se parezca más a una de esas provocaciones de Lars Von Trier sobre santas estúpidas a las que su bondad arroja al abismo, con la diferencia de que aquí la estúpida no es la heroína (Camino, la niña protagonista interpretada por debutante Nerea Camacho, actriz radiante con unos ojos que se comen la pantalla) sino el círculo de fundamentalistas católicos que la cercan y asfixian como los buitres rondan a una gacela herida.

Lo que cuenta es, en principio, un drama tremendo, el caso de una muchacha de 12 años que acaba de empezar a vivir, que cae enferma de improviso y muere de cáncer tras unos pocos meses de agonía y tratamientos inútiles; circunstancia que cualquiera con una fe religiosa más tibia consideraría una tragedia sin sentido, pero no así la exótica rama del cristianismo a la que pertenece su familia, para la que ningún sufrimiento humano cae en saco roto si se puede reciclar como tributo a Dios.

Así que Camino es también un cuento de monstruos, monstruos mucho peores que cualquier lobo feroz o loco de la motosierra: melifluos vampiros psíquicos que se alimentan de la sumisión y el temor, expandiéndose como expertos depredadores entre las víctimas más débiles y propicias, masoquistas que celebran el mundo como un valle de lágrimas, ascéticos puritanos que flagelan el cuerpo y el instinto por indignos y sucios (enmendándole así la plana al creador), que predican el amor a Dios sobre todas las cosas en oposición a cualquier lazo con seres humanos reales y palpables que amenacen su control mental, mientras idolatran como modelos de conducta a la perfecta maruja esclava y al campechano de San José María, amontonando a los pies de sus estatuas riqueza y poder temporal que luego no tienen más remedio que administrar vicariamente.

La idea de que la tortura y muerte de una niña sea un bendición porque así lo ha querido Dios, que bien mirado ha sido escogida para dar ejemplo y testimonio de fe y recompensada con la gloria eterna, se condensa en el slogan promocional de la película ”¿Quieres que rece para que tú también te mueras?”, reducción al absurdo de la grotesca doctrina antivida de estos talibanes católicos (en la que creo que es la primera aparición estelar en el cine del Opus Dei descontando El Código Da Vinci).

Y por la vía del absurdo, y no sólo por los delirios visuales de los sueños (mundanos) y pesadillas (religiosas) de Camino, es por donde esta película aparentemente tan distante termina conectando con la filmografía anterior de Javier Fesser (El milagro de P. Tinto o La gran aventura de Mortadelo y Filemón, historias al igual que ésta sobre un grupo de zumbados atrapados en un mundo propio de lógica intransferible). En este caso no hay rastro de caricatura o trazo grueso en la descripción del Opus Dei o de sus miembros, sino más bien una verdadera curiosidad antropológica por desmenuzar con exactitud sus rituales y conductas, por averiguar que le pasa a esa gente por la cabeza para arruinar así su vida y la de los demás en honor de un ser supremo tan adusto y mezquino, tan ajeno a todo lo humano. La madre de Camino (extraordinaria Carme Elias) no es ninguna fanática cruel sino una pobre mujer escindida entre sus convicciones y sus sentimientos, que hace lo que cree mejor para su hija aunque cada decisión que toma le duela en el alma. El padre (Mariano Venancio, tan distinto aquí de sus papeles de mandamás chiflado en Mortadelo y Filemón y Plutón BRB Nero), comprensivo y cariñoso, el único cómplice de su hija, pero un hombre débil que se desdibuja tras su mujer y sus asesores espirituales, cabeza de familia putativo sin voz ni voto. O la hermana numeraria (Manuela Vallés), llevada a abandonar su vida y el mundo a base de mentiras…

No es que todo sean llantos, hay cantidad de momentos de humor en medio del drama (las charlas de Camino con su amiga la descarada, la clase de teatro, sus aventuras imaginarias...). En realidad, conforme se confirma lo inevitable, lo que iba para tragedia va mudando de género y se transforma en algo parecido a una comedia de los errores que desintegra el asfixiante envoltorio de rigor místico y trascendencia ultraterrena y lo riega de confusión y ridículo. Lo mismo que los ancianos de El milagro de P. Tinto esperaron en vano un hijo durante cuarenta años por culpa de un tonto malentendido en relación al sexo conyugal y a un ejercicio con tirantes, los aplicados siervos de Dios creen que están conquistando un alma, se figuran que están ante una santa anhelante de reunirse en el cielo con Jesús, el hijo de Dios, cuando Camino no es más que una niña enamorada (de Jesús, el hijo de la pastelera) y que sueña hasta el último momento con interpretar a la Cenicienta en la función del barrio (la única Obra que le interesa). Los amigos de la muerte en vida, tan en contacto directo con los misterios sobrenaturales, resultan incapaces de conocer ni comprender el corazón de una niña, no pueden ni imaginar lo lejos que está su universo mental de ellos y sus maquinaciones para construirse una beata. En su mente preadolescente carente de malicia, Camino alcanza un escenario de felicidad cien por cien terrenal y laica, sin ángeles ni espantos, un umbral que ellos jamás podrían traspasar, una clase de milagro que no entenderían aunque les mordiera. La heroína se les escapa intacta entre los dedos y los muy pringados nunca sabrán hasta qué punto han fracasado.

viernes, 18 de julio de 2008

Todo es cine

Actualización de mentirijillas de las de hacer bulto, nada más que un par de trailers de youtube que ofrecen un bonito contraste: Watchmen de Zack Snyder (El amanecer de los muertos, 300) y Camino, de Javier Fesser (El milagro de P. Tinto, La gran aventura de Mortadelo y Filemón).





Dicen que el de Watchmen se podrá ver en HD mucho más grande y lustroso a partir de bien avanzado el viernes 18, en la web oficial o en los portales habituales (para que los que conocemos el cómic de Alan Moore y David Gibbons podamos babear en alta resolución con la manera en la que Snyder ha clavado el look y varios de los momentos más icónicos del original -¡hasta la escena del reloj y el Dr. Manhattan!) Pero ni por esas se me cura el escepticismo porque Watchmen-el comic- es bastante más que una sinopsis tipo "misterioso asesino se dedica a eliminar uno a uno a un grupo de superhéroes retirados". Watchmen es una de las piezas más influyentes, no ya del cómic, sino de toda la cultura popular de finales del siglo XX (no lo digo yo, lo he leído por ahí) y cualquier adaptación digna de ese nombre exigiría un talento e inteligencia fuera de lo común:

1) Por la complejidad de la trama y del universo que describe (tan difíciles de encajar en la duración estandar de un largometraje; a menudo se ha dicho que Watchmen funcionaría mejor como miniserie que como película).
2) Porque su propia esencia está tan completamente imbricada en el formato del cómic que requeriría un trabajo brutal de traducción (que el arisco Alan Moore considera ya por principio inútil además de indeseable).

Y el caso es que el único talento especial como cineasta que ha demostrado Zack Snyder hasta el momento es el de que sabe copiar bien lo que le ponen por delante. Pero en fin, mente abierta que igual nos sorprende...

Para sorpresas el trailer de Camino, la peli supersecreta de Javier Fesser (la primicia, por cierto, la ha tenido hoy el muy recomendable blog de Michinela no recomendable.com). Parece que Fesser abandona el humor absurdo y el barroquismo estético y da un volantazo a su carrera con esta historia de una niña con cáncer terminal de la que el Opus no espera otra cosa que la palme para empezarla a canonizar. Buscando información urgentemente veo que la describen como un dramón brutal de los de hartarse de llorar... Y será verdad pero en este trailer también se aprecia un fondo de humor negro, un sarcasmo terrible y mucha mucha mala leche, y esos delirios fantásticos de la niña santa a mí por de pronto me han recordado a Tideland de Terry Gilliam (lo cuál es bueno). Y seguro que a los de la Obra les encanta.