Mostrando entradas con la etiqueta Wall-E. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Wall-E. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de febrero de 2009

Ceremonia lacónica: Oscars 2009 parte 1


Peter Gabriel no cantará este domingo en la ceremonia de entrega de los Oscar tras enterarse de que sólo disponía de sesenta y cinco segundos para defender su canción Down to Earth (que quizá hayáis oído sobre los fabulosos títulos finales de WALL-E, y con la que acaba de ganar un Grammy).
Los productores de la gala, que cada año que pasa reúne menos audiencia y nunca baja de las tres horas y media, han decidido cortar por lo sano y reducir la presentación de las tres canciones originales (la de Gabriel y las dos de Slumdog Millionaire: Jai Ho -de A.R. Rahman y Gulzar y O Saya -de A.R. Rahman y Maya Arulpragasam) a un popurrí que no supere los cuatro minutos.
"No creo que sea tiempo suficiente para hacer justicia a la canción, así que he decidido no actuar" ha dicho Gabriel. "Respeto el derecho de los productores a remodelar su show y estoy deseando verlo. Pero aunque los autores de canciones son unos participantes muy secundarios en el proceso cinematográfico, están igual de comprometidos y trabajan tanto como el resto del equipo y lamento que esta nueva versión de la ceremonia se haya creado, en parte, a expensas suyas. Aún así, estaré encantado de asistir".
Peter ha sido exquisitamente diplomático porque una medida tan absurda apesta a una mezcla de desesperación y despiste total. Los ensayos de la gala (que presentará Hugh Jackman) deben de estar saliendo catastróficos...

Independientemente de que se lleve o no algo el domingo, la canción de WALL-E es el primer tema fresco que publica en mucho tiempo este artista mítico y disperso que mantiene a sus fans permanentemente desconsolados y famélicos, que tardó diez años en terminar su último disco de estudio y cuando lo empezó daba el tipo de galán maduro pero al concluirlo era la reencarnación del mago Merlín. Justo ayer descubría otra jugosa migaja de su parte, esta versión que acaba de grabar del tema de los neoyorkinos Vampire Weekend Cape Cod Kwassa Kwassa. El chiste (o la excusa para apropiársela) está en que en la canción se invoca el nombre de Peter Gabriel (aunque la original suene más bien a Paul Simon en Graceland). Y Peter se automenciona como ordena la letra aunque después mete una pequeña morcilla: "It feels so unnatural to sing your own name".


jueves, 28 de agosto de 2008

Lavándole la cara al futuro


Quien iba a imaginar que Wall-E, el experimento formal más radical de Pixar, acabaría también siendo su historia más entrañable. Los elogios para este cuento romántico sobre dos piezas de hardware de eras distantes y a primera vista incompatibles se salen ya de la escala y pierden sentido a falta de referencias externas válidas: Andrew Stanton (Monstruos S.A., Buscando a Nemo) acaba de elevar el juego a otro nivel; si el cine es un truco de magia, una mentira de imágenes fijas pretendiendo moverse a 24 fotogramas por segundo, la gente de la compañía del flexo, demiurgos capaces de insuflar vida a la materia inerte, son los cineastas más grandes del mundo.

En la Tierra abandonada del futuro, un heroico robot currante es aparentemente el último ser vivo que ha sobrevivido a la desaparición del ser humano (salvo por su amiga la cucaracha). Wall-E lleva setecientos años cumpliendo dedicadamente la labor de limpieza para la que fue programado, y las imágenes del pequeño y tenaz robot trabajando entre los rascacielos desiertos sin otro objeto que cumplir con el día a día son un auténtico haiku para un mundo muerto, escenas icónicas (foto-realistas, hermosas y terribles) a la altura de las más grandes películas de ciencia ficción de todos los tiempos, como arrancadas de las mejores páginas de Arthur C. Clarke pero con el pathos que sólo estos animadores son capaces de inyectar en un objeto mecánico hecho de pixels. Simple como él solo, un cruce entre una sonda exploradora de la NASA y aquel robot con binoculares de los 80, Wall-E apenas es capaz de pronunciar un par de palabras y ni falta que le hacen habiendo heredado la capacidad expresiva de las grandes estrellas del cine mudo. Más simple todavía es la avanzadísima EVA, que un día cualquiera aterriza de improviso en su área: de formas suaves, futuristas y elementales de inspiración Apple y no mucho más habladora, con todo es una protagonista femenina de armas tomar.
De apariencia tan sencilla como sus personajes (sobre todo en su primera parte, sin diálogos, sin rastro de otro ser humano que los que aparecen en la antiquísima copia en VHS de Hello Dolly que el pequeño robot repasa cada noche al terminar su jornada), Wall-E exhibe en realidad una sutileza extraordinaria y funciona a toda máquina en múltiples niveles (como comedia de aventuras, como historia romántica, como fábula ecologista crítica con el consumismo desaforado, como homenaje al cine de ciencia ficción- principalmente 2001, una odisea del espacio, pero también Star Wars, Naves misteriosas, Alien, Star Trek…) o como verdadero tratado de diseño artístico, un atracón visual de esos en los que cada fotograma viene listo para enmarcar.
Las escenas en la Tierra son puro cine destilado, una integración milagrosa de lo mejor de la prehistoria del medio y la más deslumbrante última tecnología de la industria. Lo que viene después es, comparativamente, algo más convencional y asimilable al resto de clásicos de la compañía (es decir, también magnífico pero más accesible para los críos pequeños). Hay que comprenderles, habría sido imposible mantener semejante intensidad minimalista durante 90 minutos en una película comercial (y ya se sabe que el planteamiento de un misterio casi siempre se hace más interesante que su resolución). Gran banda sonora de Thomas Newman y (aleluya) una canción nueva de Peter Gabriel a medias con él para los créditos finales. Con un poco de suerte también pescará algo en el maremoto de premios que se le augura a Wall-E para febrero.