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miércoles, 10 de junio de 2009

El que quiera peces


¿Quién ha dicho que la ficción no vale para nada? Hasta el thriller de verano más popular (por ejemplo, Tiburón) puede ser utilísimo como campo de pruebas y fábrica de patrones para interpretar la realidad...

Nadie describiría la primera obra maestra de Spielberg como un densa exploración de las interioridades del alma humana; de hecho es una versión chiringuitera y suburbana de Moby Dick en clave de serie B, donde el momento humano más dramático (el monólogo de Robert Shaw sobre su experiencia con los tiburones tras el hundimiento del portaaviones Indianapolis) se terminó de improvisar en el último momento. Y sin embargo, ¿cómo olvidarse del alcalde de Amity, el tío aquel que, aterrado por la fuga de turistas en temporada alta de su bonita ciudad costera, quitaba importancia al peligro del escualo y animaba sonriente a los bañistas a regresar a las playas y meter la patita? A aquel hombre tan valiente y lleno de sentido común lo único que le quitaba el sueño por las noches era que a final de año no le cuadraran las cuentas. El ejemplo, sin duda, ha cundido.

En esta era de la socialización del riesgo en la que el lobby pronuclear, arrimando a su sardina el ascua de la crisis y el CO2, insiste en que no hay más alternativa que lo suyo y todo lo demás son fantasías o trasnochados prejuicios izquierdistas, cuando supuestos expertos independientes (que indefectiblemente han hecho carrera en ese sector) insisten una y otra vez en que la tecnología punta del siglo XXI, si bien incapaz de impedir que se estrelle un avión de cuando en cuando, es perfectamente segura y a prueba de fugas radioactivas, cuando cada dos por tres surgen noticias de escapes y averías silenciadas por los responsables de tan magníficas centrales no contaminantes (siempre, por supuesto, incidentes leves; los otros no habría manera de ocultarlos), a uno le entran unas ganas tremendas de ponerse demagógico. Por ejemplo: ya que se les ve tan convencidos de que las ventajas anulan cualquier hipotético peligro, ¿por qué no obligar al presidente de Iberdrola y al ministro de Industria a hacer pedagogía y mandarlos a vivir con sus familias junto a esa central burgalesa que tanto les apetece conservar? Que también Fraga se bañó en Palomares y no le comió nadie.

domingo, 25 de enero de 2009

Los cenizos de guardia


No sé cuantas veces llevamos celebrando el comienzo del siglo XXI. Primero fue la caída del muro de Berlín, que no estuvo mal, quizá un poco prematura para ser apenas 1989. Luego vino aquello tan chusco de si tocaba en el 2000 o el 2001, y poco después lo de las torres gemelas. Aquel día también me tocó seguirlo desde el trabajo por la radio, y comparando experiencias tengo que decir que este siglo XXI que empieza con Obama tiene mucha mejor pinta que ninguno de los anteriores, y que por mí esta vez puede ser perfectamente la definitiva.

Una pequeña observación, sin embargo, sobre tanto agorero de guardia presente en todas las tertulias, tan preocupado por hacernos bajar de la nube, por convencernos de que el nuevo presidente americano no es más que un hombre y no Buda reencarnado, que lo único que ha demostrado hasta el momento es que es negro (o mulato), que la mayoría le ha votado confundiéndolo con Will Smith y que, aún en el remoto caso de que fuera la persona adecuada para circunstancias tan graves, nada va a cambiar en el fondo ni podría en ningún caso hacerlo porque la realidad es tozuda, las ilusiones inútiles, y los intereses y estrategias de las superpotencias una verdad inmutable.
Y se me ocurre que todos estos cínicos que se ríen de esas masas de ingenuos esperanzados y desdeñan tanto la importancia del factor humano y las convicciones perfectamente articuladas y sensatas del nuevo mandatario (palabras y nada más que palabras, aunque no se parezcan a las de ningún otro), deben de haber estado viviendo cómodamente en una cueva los últimos ocho años para no haber notado la fuerza del cambio a peor, la manera en que un puñado excepcional de desaprensivos e idiotas al frente de ese mismo país se las han arreglado para transformar el mundo a la altura de las más negras pesadillas de George Orwell o Alan Moore, llegando a hacernos dudar de si no habríamos caído en un universo paralelo al estilo del Pottersville de Qué bello es vivir, con retroceso incluido a los peores tiempos de la Gran Depresión. ¿Será una cosa de la entropía del universo que el único cambio posible sea siempre para mal?
Que la cosa está jodida ya lo sabemos, pero aún así existe toda una escala de grados y una cuesta arriba y una cuesta abajo: porque íbamos caminando sonámbulos en pijama entre los coches hasta que nos ha atropellado el camión de la basura, y ahora, conscientes pero en la UVI, sólo nos queda rezar para que el médico sepa lo que está haciendo. Quizá lo nuestro tenga arreglo o quizá no, pero al menos, como le pasa a cualquier paciente de House que alcanza a sobrevivir a los títulos de crédito, el pronóstico ahora mismo es bastante mejor que cuando nos encontraron tirados en la calle. ¿Suena eso lo bastante lúcido?

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Historia de suspense


Hacía un millón de años que no pasaba una Noche de Reyes como esta, dando vueltas sin pegar ojo hasta que, aún de madrugada, la tensión podía conmigo y me levantaba corriendo a abrir los regalos. Esta mañana, en lugar del chasco habitual, he puesto la tele a las 6 y ahí estaba Obama en Chicago dando un discurso de agradecimiento que sonaba bastante histórico. Lo que llevamos de siglo XXI nos lo han destrozado a picotazos los halcones de las profecías autocumplidas pero hoy, para variar, hemos probado un trozo de clásico y verdadero futuro. ¿Continuará?

lunes, 3 de noviembre de 2008

Regeneración


El Doctor está condenado. La semana pasada David Tennant, la estrella de Doctor Who, anunciaba que se va. Que es mejor dejar al público con ganas de más, mejor abandonar mientras aún queda entusiasmo y antes de que el privilegio de interpretar a uno de los mejores personajes de televisión de todos los tiempos (según él, y según muchos, yo mismo por ejemplo) se convierta en un simple trabajo.
Y como en Doctor Who no hacen recasts, en algún momento del último de los cuatro especiales que se emitirán a lo largo de 2009, a Tennant le caerá un piano radiactivo en la cabeza y morirá (según ha bromeado el productor y guionista Russell T. Davies). Gritos de horror entre el público.

Y entonces vendrá el gran truco de magia que ha asegurado la longevidad de la serie de la BBC durante cuarenta años, el mismo que le permitió regresar en 2005 de su ignominiosa cancelación de 1989 como si el tiempo no hubiera pasado (salvo para la industria de los efectos especiales): en vez de morir, el Doctor se regenerará.

Allá por mediados de los 60, cuando William Hartnell, el primer Doctor (un viejecillo siniestro que se fue enterneciendo con el tiempo hasta volverse entrañable) decidió dejar la serie, a alguien se le ocurrió una idea de cuya extraordinaria brillantez seguramente nadie en su momento fue consciente. Ya que el Doctor era un extraterrestre (pese a su aspecto humano), por qué no darle un poder sobrehumano (su único poder, de hecho), el de revivir al instante convertido en otro, de reencarnarse en sí mismo con otro cuerpo y otra cara. La regeneración.

El segundo Doctor fue Patrick Troughton, el Colombo del espacio. También un genio científico desbordante de entusiasmo, un outsider metomentodo, un espontáneo protector de los débiles que viajaba por el espacio y el tiempo en una cabina azul más grande por dentro que por fuera, desfaciendo entuertos junto a sus compañeros humanos, pero que se parecía a Hartnell en aspecto, actitud o carácter como un huevo a una castaña. De esta manera, incorporando el cambio de actores en la propia dinámica de la serie, remarcándolo en lugar de ignorarlo o atribuirlo a una operación radical de cirugía estética, animando a cada nuevo Doctor a ser su propia versión del héroe, Doctor Who encontró una manera única de reinventarse una y otra vez, de mantenerse siempre fresca y cambiante, con un potencial de eternidad tan largo como el de su protagonista, el único inmortal que desprecia el cliché borgiano y a sus 900 años sigue lleno de curiosidad, de energía y entusiasmo, conociendo gente, viviendo aventuras , viajando incesantemente por el universo en su absurda nave espaciotemporal.

Qué serie tan extraña, tan imposible de clasificar: disparatada, terrorífica, hilarante, entrañable, romántica, a ratos sesuda y a ratos completamente estúpida, una mezcla imposible de los universos de Douglas Adams y el profesor Quatermass y que jamás se toma muy en serio a sí misma. A partir de 2010, a Steven Moffat (Coupling, Jekyll, el guión de Tintín para Spielberg y Jackson) le tocará reinventarla desde cero una vez más, además de buscar al sucesor de Tennant, ahora mismo el Doctor más popular de todos los tiempos. Uno de los rumores más repetidos menciona a un tal Patterson Joseph, un actor negro muy bien considerado…

Por simple coincidencia, mañana (primer martes de noviembre), el mundo real afronta expectante la regeneración de otro famoso personaje mítico, el Presidente de los Estados Unidos, una regeneración que nos librará por fin de la penosa jeta de su encarnación más impopular que sin embargo ha resistido ocho temporadas en pantalla. Cierto, Bush no ha tenido que morirse para dejar la silla, ahí es donde se tuerce el paralelismo entre Doctor Who y cualquier cargo electo; va en cambio que ni pintado para los Papas, esos señores que siempre visten igual y hasta abandonan su antiguo nombre y se ponen otro seguido de un número cardinal para mejor sumergirse en el papel (es más, yo todavía sigo sin creerme a Benedicto XVI, igual porque le conocí interpretando otro personaje de la misma serie –el Cardenal Ratzinger- en tiempos de su carismático antecesor Juan Pablo II, 26 años siendo El Papa). Pero estoy divagando…
Sólo cabe desear que la próxima regeneración del Presidente de los EEUU salga completamente opuesta a la actual porque ahora mismo el programa apesta y nada más que un cambio radical en el personaje, y un actor que entienda verdaderamente el papel, podría levantar la audiencia. La cancelación no es una opción.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Presidents Are Us


Esto habría tenido más gracia hace dos o tres semanas, antes de que se derrumbaran los cimientos financieros internacionales curando de golpe la fiebre mediática en torno a Sarah Palin, no sé si la recordáis: flamante candidata a vicepresidenta con el republicano McCain, encantadora gobernadora de Alaska y madre numerosa amante de la biblia, las armas y la guerra con Rusia, que guarda todo su escepticismo para la evolución de las especies y el cambio climático y que, a poco que le sonría la suerte, puede acabar siendo perfectamente la primera mujer comandante en jefe de la mayor potencia nuclear del planeta...

La imagen superior corresponde al episodio de la 19ª temporada de Los Simpson (primera tras la película) titulado E. Pluribus Wiggum: Springfield (por prolijas razones que no vienen al caso) adelanta varios meses sus primarias a la presidencia convirtiéndose en la primera ciudad del país en elegir candidatos, lo que atrae todo un circo electoral y mediático que termina sacando de quicio a sus ciudadanos. Homer propone sabotear la elección eligiendo al candidato más ridículo que se les ocurra. “¡A mí, a mí!”, exclama feliz el jefe Wiggum. “No, pero se va acercando…”, musita Homer... El ganador de las primarias de Springfield termina siendo Ralph, el hijo de ocho años de Wiggum, pero lo que empieza como broma va creciendo como una bola de nieve monstruosa porque Ralph, tan sencillo e ingenuo y con esas chorradas tan graciosas que suelta, resulta un soplo de aire fresco que se gana el corazón del país y demócratas y republicanos empiezan a darse de tortas por conseguir que sea su candidato. Lisa Simpson se pone histérica viéndolo por la tele: “¡Ralph no puede ser presidente, es el niño más tonto de la clase de los rezagados en lectura! ¡Y la constitución dice que el presidente tiene que tener como mínimo treinta y cinco años!”. “¿La constitución?”, se extraña Bart “¿No se la cargó la Patriot Act para defender nuestras libertades?”.

No estoy seguro de que sea un gran episodio de Los Simpson (el tema principal tarda mucho en entrar, acaba abruptamente y el pobre Ralph sale mucho menos de lo que se merece) pero es una sátira terrorífica sobre los nuevos mecanismos de la democracia americana y sobre las virtudes que hoy día se exige que tenga y que no tenga un candidato…


Lenny: -Voy a votar a Ralph Wiggum para presidente. Su sonrisa fácil me hace sentir que todo va bien aunque sepa que no es cierto.

Aunque Marge intenta tranquilizar a su hija (“Lisa, debes tener fe en el sentido común del votante medio”), el episodio termina con Ralph como el único candidato de ambos partidos, con un anuncio electoral en el que, sentado en las rodillas de la estatua de Lincoln en el Capitolio, le pide regalos como si fuera Santa Claus: “Quiero un triciclo, y un perro que no se coma mis hot wheels, y un futuro más brillante para América. ¡Soy Ralph Wiggum y he sido un niño bueno!”.



domingo, 13 de julio de 2008

Siete años de mala suerte


No me puedo creer que se los carguen. No sé vosotros pero yo, desde que los Guiñoles de Canal Plus se convirtieron en los Guiñoles de Cuatro y los arrejuntaron con Eva Hache en su horario para noctámbulos prejubilados, en lugar de fidelizarme al espacio de la simpática monologuista segoviana acabé por desengancharme de la ración diaria para pasar a consumirlos en versión flash video en la web de la cadena, en atracones episódicos de una hora en los que me veía de un tirón todos los programas del mes. Por eso puedo decir con conocimiento de causa que ni el destierro a las madrugadas televisivas ni el relevo en la dirección (Rafael Jaén por el fundador Toni Martínez) habían afectado a la calidad del producto ni se notaba el menor cansancio en un espacio capaz de improvisar sketches como aquel de homenaje al difunto Charlton Heston que unía la crisis del PP con El planeta de los simios, donde un Rajoy en el papel del astronauta (rodeado de dirigentes del partido haciendo el mono) comprendía ante la estatua semienterrada en la arena de Aznar que su viaje al centro le había devuelto al punto de partida...

Soy lo bastante viejo como para acordarme de varios catastróficos antecedentes nacionales de muñequitos que intentaban repetir el éxito del inconmensurable Spitting Image británico (hubo unos llamados Los muñegotes, blandos, insípidos e incoloros, que resistieron bastante con una sección propia en algún programa de variedades del sábado noche en TVE). Ni ellos ni ninguno llegaron a tener ni puta gracia ni personalidad propia hasta que en los albores de la programación en abierto de Canal Plus apareció en nuestras pantallas el producto de un transplante de la variedad francesa en formato de noticiario, tan bueno que no nos importaba soportar a cambio las infinitas chorradas de Máximo Pradera, Fernando Schwartz y Ana García Siñeriz en Lo + Plus.

Aquellas marionetas, menos grotescas que las del prototipo inglés, tenían sin embargo un estilo propio, un parecido caricaturesco más que notable, un dinamismo y expresividad sorprendentes (arte que han perfeccionado con los años hasta conseguir a menudo que el muñeco parezca más vivo que el original), un reparto de voces extraordinario (Javier Valero, Angel Soler, Luisa Ezquerro, Raúl Pérez,Victorio Duque, Isabel Núñez, Mila Pérez…), y sobre todo, un sentido del humor irreverente y disparatado que donde ponía el ojo ponía la bala y que poco a poco fue construyendo el mejor espejo deformante de las miserias y mezquindades de la vida política española y sus personajillos protagonistas.

En un país donde las discusiones se dividen en un 50 por ciento en fútbol y otro 50 de política, los guiñoles rompieron el tabú posfranquista del humor político en televisión (después vendrían Caiga quien caiga, Vaya semanita en ETB, Polonia en TV3…) . Repartiendo palos en todas direcciones sin dejar títere con cabeza, con su corazoncito de izquierdas, cierto, pero tan implacables con las memeces de unos como con las de otros, el equipo del periodista Toni Martínez sorteó el peligro de convertirse en mero intérprete de la línea editorial del grupo PRISA y se construyó su propia credibilidad como un pseudoinformativo alternativo a menudo mejor informado que los de verdad (porque sólo un profundo conocimiento off the record de los personajes más allá de su faceta pública pudieron llevar a clavar con semejante precisión caricaturas tan extremas como las de Aznar, ZP o Rajoy, tres casos donde el tiempo ha acabado dando la razón al guiñol hasta el punto de que a veces ya no sabe uno si ese al que escucha es el humano o el de látex).
Pero no sólo de política vivían los guiñoles: como en las noticias de verdad la mitad era fútbol, y hay que ver lo que se aprendía (Van Gaal el cabeza-cubo, Luis Aragonés al que no le cabía un pelo de gamba, Ronaldo el que no estaba gordo y Ronaldinho todo el día de fiesta, Beckham y sus perfumes y Camacho y sus sudores españoles). Y también había toreros, folklóricas, un par de actrices, corredores de fórmula 1, algún que otro cocinero y ante todo una imaginación y una capacidad de trabajo extraordinarias con las que sacaban adelante cualquier entorno o situación que requiriera la fantasía del chiste: parodias dentro de parodias, versiones de canciones, escenas reconstruidas de películas y series… No había nada que no se atrevieran a hacer.

Y ahora el espejo salta en pedazos con la excusa oficial del desmantelamiento de la Hora Hache, que en septiembre cambia de horario, de formato y por lo visto de presentadora (que se toma un año sabático)."Las características del nuevo espacio” dice la nota de prensa de Cuatro, “unidas al alto coste que suponía la puesta en marcha de una producción tan compleja, han provocado su interrupción". Una vez más pagando justos por pecadores…
Me cuesta mucho entender por qué los guiñoles han de pagar el pato del fracaso de audiencia de un espacio contenedor al habían sido arrojados para servirle de gancho (en lugar de recuperar su hueco natural de tantos años como microprograma independiente justo detrás del informativo de la noche), ni entiendo tampoco ahora los súbitos apuros económicos de Cuatro apenas unos días después del pelotazo de la retransmisión de la Eurocopa y de empezar a llenar su programación de más concursos chorras. Debe de ser por eso que yo no dirijo una cadena de televisión...

Aún en plena fase de negación sigo sin terminar de creerme que vayan a matarlos por completo (incluso en la versión radiofónica de Hoy por hoy en la SER), que no volvamos a ver ya nunca a ninguno de estos personajes que son y no son a la vez la mera sombra del modelo al que siguen; estos muñecos con la verdad por delante, libres de todo cálculo e hipocresía, han acabado por hacerse más entrañables, simpáticos y humanos que esos otros seres igualmente virtuales y mucho más opacos a los que imitan. Lástima de ZP y de Rajoy, del matrimonio Aznar, de Gallardón y Esperanza Aguirre, de Acebes y Zaplana, Solbes y De la Vega, Bush y Condoleezza, El Papa Ratzinger y Monseñor Blázquez, Llamazares, el Lehendakari Spock, Chaves, Montilla y Blanquita, la cabra de la legión...

http://www.cuatro.com/microsites/nochehache/guinoles.html


En ese link siguen colgados los dos últimos años del programa, incluida su última aparición del 30 de junio donde los pobres muñecos no hacen otra cosa que festejar como idiotas el triunfo de la selección de fútbol, ajenos a la patada que su empresa había decidido ya darles tras 13 años de brillantes servicios. ¿Sería mucho pedir para ellos un último programa especial de despedida?