
¡Solo en Hollywood se les podía ocurrir! Tras el triunfo indiscutible del proyecto Alien vs Predator, feliz maridaje entre los restos calcinados de lo que en vida fueron sus dos franquicias de monstruos espaciales (cuyo ejemplo colea todavía en la gira Dos pájaros a tiro de Sabina y Serrat), 20th Century Fox ha seguido experimentando con las mezclas hasta encontrar la receta de la secuela perfecta, un burbujeante cóctel contra natura entre el espesor dramático de Scream y la ambición y espectacularidad de una función escolar de marionetas. Lástima que cortaran las canciones pero, aún así, queda todavía el gancho hipnótico de observar durante 86 minutos a estos sujetos autodenominados “Hermanos Strause” (directores de la cosa) jugando absortos con sus muñecos articulados oficiales a cargarse a sus antiguos compañeros de instituto allá en el pueblo (¿quizás tendrían que haber pedido alguna figura más del Depredador? Porque el pobre engendro acaba un poco superado una vez perdida la ventaja del factor sorpresa). Añadir tan solo que las palomitas de maíz con miel también me gustaron bastante.