sábado, 11 de septiembre de 2010
Al ladrón
Septiembre, el mes purgatorio, aquel al que los profes mandaban a penar a los malos estudiantes hasta que la reforma de Bolonia lo sacó del calendario (o así). Los afortunados que aún disfrutamos de algo así como un trabajo nos frotamos los legañosos ojillos y tratamos de juntar los pedazos de la antigua normalidad pero (ay) resulta que ya no están todos los que son porque los tontos y los malvados no descansan ni en verano...
El último viernes de julio (precisamente el día en que cumplía 60 años) Diego A. Manrique anunciaba en directo que la dirección de Radio Nacional le había rescindido el contrato y que, tras dieciocho años en antena, aquel era, con toda probabilidad, su último Ambigú, el programa estandarte de Radio 3. A la puta calle con alevosía y agostidad, tal como lo definió Julia Otero cuando se lo hicieron a ella. Sin escándalo y sin ruido, que el verano es muy largo, los cuatro gatos que escuchan esa frecuencia están a otras historias y con un poco de suerte, a la vuelta de vacaciones, apenas recordarán el nombre del tipo aquel que estaba de lunes a viernes a las 13.00.
La culpa, claro, la tiene la crisis, ese permanente estado de excepción en el que vivimos en cuyo nombre todas las marranadas se vuelven de pronto posibles. Manrique llevaba dos años como director adjunto de la emisora y mano derecha de Lara López, reconstruyendo Radio 3 tras la devastación del ERE de RTVE que se llevó por delante a tantos de sus nombres más legendarios, haciendo de la necesidad virtud, usando los mimbres que tenían e incorporando a nuevos mitos del futuro como Ángel Carmona (Hoy empieza todo), Javier Gallego (Carne Cruda) o Los hermanos Pizarro (Melodías pizarras), esfuerzos recompensados con un notable ascenso de audiencia en los últimos EGM.
Pero hete aquí que Benigno Moreno, el nuevo director de Radio Nacional, decide hacer una purga de altos cargos para ahorrar y elimina la subdirección de Manrique, lo que incomprensiblemente termina con él de patitas en la calle.
El comunicado oficial de la cadena insinúa que el avariento Manrique exigía demasiada pasta para continuar como un simple locutor, haciendo imposible llegar a un acuerdo. Manrique afirma en cambio que le pusieron delante un contrato basura tipo becario, que le obligaba a renunciar a su antigüedad y a todos sus derechos adquiridos. Cual de las partes miente se verá en el juicio pero nadie que haya escuchado alguna vez El ambigú (la pasión que Manrique le pone a la música, el entusiasmo con el que comparte sus hallazgos con sus oyentes) puede creerse la versión de la empresa (que prefiere gastarse los dineros en radioteatros y en asegurarse locutores estrella tan paniaguados y melifluos como Juan Ramón Lucas).
Para ilustrar la mentalidad de servil peloteo y terror a sacar los pies del tiesto que en los últimos tiempos campa por los pasillos de RTVE Manrique cuenta que no hace mucho alguien de arriba le dio un toque, escandalizado por su crítica del último disco de Sabina: que cómo se le ocurria ponerlo a parir de esa manera siendo el artista de Úbeda el ex-yerno del Director General, el excmo Sr. Oliart. Manrique es un tipo ácido, deslenguado, insobornable, que sin duda ha pisado muchos callos a lo largo de su carrera y posiblemente más de uno se la tenía guardada. Es bueno saber que mientras la cosa pública se cae a pedazos, los inútiles, los mediocres y los adeptos al régimen encontrarán hasta el último momento refugio en ella en puestos ejecutivos, hasta que gracias a su dedicación no quede ya piedra sobre piedra.
Mientras tanto, las movilizaciones en contra de la tropelía no han hecho más que empezar (hoy sábado, por ejemplo, durante la Noche en Blanco madrileña), y en apoyo de Manrique han firmado una lista interminable de ciudadanos populares o anónimos entre los que aparecen titiriteros, periodistas y hasta algún político: Calamaro, Ariel Rot, Concha Buika, Eduardo Madina, Bumbury, Amaral, Fermín Muguruza, Fernando Trueba, Jorge Drexler, Jaume Sisa, Joaquín Sabina (con mala crítica y todo), Julián Hernández, Kiko Veneno, Aute, Marcos Ordóñez, Martirio, Mauro Entrialgo, Max, Nazario, Almodóvar, Rafa Cervera, Roque Baños, Santiago Auserón, Xoel López...
“Confío en que tanto escándalo servirá para frenarlos durante unos meses” ha dicho Manrique en una entrevista para rockola.fm. “Imagino que tendrán que meditar mucho sus siguientes decisiones: querían prescindir de la mayoría de los colaboradores, colocar más programas al gusto de Benigno Moreno, quizás cesar a Lara López. Pero han descubierto que R3 es un hueso duro de roer y andan desconcertados. Aunque La Crisis es un manto oportuno, que puede encubrir muchas iniquidades.”
Si no para otra cosa, las protestas servirán para que el último de esos gestores idiotas y prepotentes, ese cretino decidido a empezar demostrando quién es el que manda, el tal Moreno, sepa que los damnificados nos hemos quedado con su nombre y con su cara. La del gilipollas que se cargó el mejor programa musical de la radio española, una isla de sentido en medio del caos. Que alguien le detenga y le saque para quien trabaja porque para nosotros, los que le pagamos un sueldo de nuestros impuestos, está claro que no.
domingo, 11 de noviembre de 2007
La invención de la radio

Resulta que a mi programa musical favorito (El Ambigú, en RNE3, lunes a viernes a mediodía) le ha salido un clon en RNE1: La madriguera (de lunes a jueves, a medianoche).
Al ínclito Diego A. Manrique le ha dado por pluriemplearse otro poquito más para hacer prácticamente el mismo espacio con diferente cortinilla y cuñas: el mismo tipo sorprendente de menú degustación enganchando épocas y estilos según como tenga el responsable ese día el mapa neuronal (como mucho, un poco más relajado en función del horario nocturno).
¿Ventajas de fichar por la primera división de la radio pública (que por lo visto es donde se queda toda la pasta y la inversión en tecnología que para su hermanastra musical apenas es un rumor)? Pues, por ejemplo, que a Manrique le han puesto un blog:
http://blogs.rtve.es/lamadriguera/posts
y que, igualito que en la BBC u otras emisoras de verdad, todos los programas de La madriguera del último mes se pueden escuchar on line o descargar como mp3 para llevártelos de paseo y oirlos en horario de gente decente.
Con lo cuál damos por oficialmente inaugurado el siglo XXI.
jueves, 19 de julio de 2007
¿Crisis? ¿Qué crisis?

Ramón Trecet, al que quizá recuerden de anteriores mundiales de baloncesto como el comentarista más histriónico de la era previa al advenimiento de Andrés Montes, tiene desde hace años un entretenido programa diario de música new age, folk celta y cantantes griegas (¿?) en Radio 3 de Radio Nacional de España. Últimamente, en su habitual tono cascado de abuelo cebolleta (no por nada lo llamaban el ayatola) pontifica desde el ojo del huracán sobre la necesidad de que le pongan internet en el estudio, de que los programas musicales traten con más frecuencia el candente tema de los incendios forestales y de cómo él, desde luego, no ha oído hablar de ninguna crisis en la emisora. Asombra que trabaje en el mismo sitio que Diego A. Manrique, quien, tres horas más tarde, levanta cada día y desde 1992 la persiana de El ambigú, muy posiblemente el mejor programa de música que puedan ustedes encontrar ahora mismo en ninguna parte (eclecticismo total de estilos y tendencias, criterio insobornable, conocimiento enciclopédico y la pasión del explorador ansioso de compartir sus hallazgos), quien últimamente no deja de abrir con algún comentario lapidario sobre resistencias numantinas y emisoras en asedio en la peor crisis de su historia...
FLASHBACK
Érase una vez un ente público llamado RTVE que ya desde tiempos del finado caudillo se dedicaba alegremente a derrochar dinero a manos llenas en tonterías tales como matar a Chanquete, los apartamentos en Torrevieja del Un, dos, tres, galas de Jose Luís Moreno, centros territoriales, su propia orquesta y coro o corresponsalías en el extranjero. Llegaron las televisiones privadas y, para no quedarse atrás (porque era muy importante conservar el liderazgo y la máxima atención de la audiencia para lo que era la versión gubernamental de lo real) se siguió gastando con más ganas hasta redondear en 2005 una fabulosa deuda de 7.500 millones de euros (que simplemente, ni aun subiendo al doble las tarifas del último y primer anuncio del año, tenía perspectivas de cobrarse).
Y al final, en 2007, el Estado acabó haciendo borrón y cuenta nueva pero poniendo por delante un plan de viabilidad diseñado los clásicos tecnócratas del Ministerio de Economía. Lo primero, la imaginación al poder, era reducir a la mitad ese dispendio de plantilla (9.800 trabajadores, frente a unos 20.000 de la BBC), primero con prejubilaciones voluntarias y, si no, por las bravas. Los sindicatos llevaron a votación el plan y salió sí; al menos los mayores de 52 se irían por la puerta con el riñón cubierto…
Y la cosa es que los locutores históricos de Radio 3, que son la mayoría (porque esta emisora olvidada de la mano de dios apenas ha tenido presupuesto para contratar becarios, no digamos ya para renovar plantilla), son mayores de 52, incluidos Trecet y Manrique…
En la primera oleada cayó Carlos Faraco, el chiflado de la emisora, voz corporativa en todas las cuñas, el proverbial espíritu en la máquina. Y también Xavier Moreno,
“Aquí no se está echando a nadie”, le explicó amablemente Trecet a una oyente, como si fuera idiota. “Los que se han ido se van voluntariamente. Ya ves que otros no nos vamos”. Y sin embargo, se ha oído comentar a Jose Miguel López (Discópolis) que si él se queda es porque es un kamikaze; el que era director de Radio 3 hasta el mes de mayo es uno de los prejubilados y su sustituto también se ha apuntado a la lista. La sensación es, literalmente, la del pollo corriendo sin cabeza, un herido desangrándose lentamente en la sala de espera. Entre tanto, otro al que también le gustan las metáforas médicas, el nuevo presidente de la Corporación RTVE, Luis Fernández (un profesional de consenso muy gracioso que se entretiene rodando videos domésticos para fomentar el buen rollo dentro de la empresa... http://youtube.com/watch?v=URQ58T-pyb0
...ha dicho que la Primera necesita “cirugía fina” y la 2, en cambio, un “cambio radical”. De Radio 3 concretamente no ha dicho nada pero quizá los interesados hayan observado que el tratamiento para la 2 ha empezado por hundir los programas culturales más todavía en la madrugada para dejar sitio a Mujeres desesperadas y reposiciones de A dos metros bajo tierra (aunque no todo va a ser malo: también han prometido fichar al equipo de La Hora Chanante.)
Al final, imagino, todo se reduce al concepto de servicio público que se supone que debe cumplir un medio de comunicación de titularidad pública financiado por el Estado (RNE, a diferencia de TVE, no emite publicidad). ¿Tiene que copiar el modelo de la empresa privada, plegarse al gusto de la mayoría y ofrecer lo mismo que el resto solo que una variante un poco más decente, con desinfectante y aromas para toda la familia?
Si el señor Fernández, por poner un ejemplo descabellado, pretendiera reconstruir de arriba a abajo Radio 3 para lanzarla a correr contra las las radiofórmulas, ¿no sería a costa de convertirla en superflua e irrelevante?
Los datos del Estudio General de Medios dejan convenientemente de lado factores como la influencia, la credibilidad y la capacidad de crear tendencia. No dicen nada de la fundamental relación simbiótica entre Radio 3 y la industria músical española en tanto que única puerta de presentación para los artistas y grupos desconocidos que se niegan a pasar por embudos de triunfos y factorex (¡como si eso tuviera algo de malo!), esos que tiempo después, como surgidos de la nada, acaban copando las portadas de los suplementos juveniles y las revistas que marcan la pauta de lo genuino y lo cool. Que es la emisora que va a currarse todos los festivales de verano allí donde actúan sus artistas, los que ellos, y casi exclusivamente ellos, se parten el pecho para defender durante el resto del año: Primavera Sound, Sónar, Festimad, Summecase, FIB, pero también al Womad, Pirineo Sur, y los festivales de Jazz. Que es una reserva para las músicas minoritarias y que gracias a ella algunas lo van siendo menos. Que es una emisora de servicio público y no un hilo musical encubierto ni un publireportaje de 24 horas al día con lo último en el catálogo de las multinacionales; que no es una altavoz para ofrecer lo que la gente quiere escuchar sino lo que no aún sabe que quiere y no tiene otro medio de saber si quiere.
Tipos que sepan de esto, comunicadores con experiencia y conocimiento para extraer el oro de entre la mierda, con credibilidad y coherencia demostrada durante años firmando con su propio nombre lo que pinchan y lo que no, especialistas con perspectiva histórica que nos sepan contar de dónde venimos y a dónde vamos, esa clase de profesionales no se improvisa, ni se compra en el mercado, ni se cría en invernaderos como las bonitas voces con cuerpo de holograma de los 40 Principales. Nadie podría confundir a los viejos comunicadores incontrolados de Radio 3 con uno de esos: iluminados y analíticos, cínicos o profetas, veteranos de la movida luchando por mantenerse al día, ex hippies zumbados que leen en antena tratados zen, antiguos locutores deportivos llenos de tics delatores, ecologistas vascos campechanos y tocapelotas, pioneros de las nuevas músicas dando mil veces la murga con la misma batallita... Los nuevos dueños los venden baratos pero cada una de estas voces que se apaga es otra ventana a un mundo que desaparece; se quema una biblioteca y nace una leyenda.
Radio 3: 93.0 FM en Pamplona
Diálogos 3: Lunes a viernes, 15.00
El Ambigú: Lunes a viernes, 18.00.
