La cosa va de un poli (Leo DiCaprio) que llega a la tétrica isla del título para investigar la desaparición de una paciente del psiquiátrico de delincuentes peligrosos del doctor Cowley (Ben Kingsley). Son los años 50 (época dorada de la paranoia) y se nota: la fuga no parece tener sentido, el personal no colabora y se acerca una tormenta con pinta de huracán que amenaza con dejarles incomunicados. ¿A que promete?
martes, 23 de febrero de 2010
Martin y Leo guardan la ropa
La cosa va de un poli (Leo DiCaprio) que llega a la tétrica isla del título para investigar la desaparición de una paciente del psiquiátrico de delincuentes peligrosos del doctor Cowley (Ben Kingsley). Son los años 50 (época dorada de la paranoia) y se nota: la fuga no parece tener sentido, el personal no colabora y se acerca una tormenta con pinta de huracán que amenaza con dejarles incomunicados. ¿A que promete?
sábado, 9 de enero de 2010
De dónde venimos, a dónde vamos

2009 fue el año de spotify, del libro electrónico, la tele digital, el cine en 3d, los vampiros adolescentes y las pelis de ciencia ficción a la antigua usanza (por no mencionar la puta crisis), y el año donde empecé a dejar languidecer este blog.
Empezamos 2010 con nieve, concentración de cadenas, el exilio de Iñaki Gabilondo de Cuatro a CNN+ (quien sabe si para mejor) y una tele pública sin anuncios pero con los mismos programas insípidos de siempre.
Menos mal que en febrero sacarán disco mis dos artistas viejunos favoritos: Peter Gabriel con su parte del proyecto Scratch My Back, cantando temas de gente más o menos de su quinta (Bowie, Paul Simon, Neil Young, Lou Reed, Randy Newman o David Byrne) y otros más de ahora como Elbow, Arcade Fire, Magnetic Fields o Radiohead; seguirá un disco-respuesta donde esos mismos artistas versionarán temas de Gabriel (de ahí el título: tú me rascas la espalda a mí y yo te la rasco a ti). Mucho más prolífico, el antes mencionado David Byrne (en colaboración con Fat Boy Slim) presentará Here Lies Love, 22 animadas canciones inspiradas en la relación entre Imelda Marcos y su asistenta (en serio). En las voces, nada menos que Tori Amos, Marta Wainwright, Steve Earle, Cyndi Lauper, Roisin Murphy, Natalie Merchant, Allison Moorer, Camille, Santigold, Sharon Jones, y en un par de temas el propio Byrne. Viva la gente original.
Estrenarán película directores como Christopher Nolan (Inception, thriller metafísico del que nada se sabe), Martin Scorsese (Shutter Island, también con Leo Dicaprio, basada en una novela de misterio bien escrita pero un poco vista), Alex de la Iglesia (Balada triste de trompeta: comedia grotesca sobre dos payasos enamorados de la misma trapecista en la España de 1973) o Peter Jackson (Lovely Bones, basada en la estupenda novela de Alice Sebold sobre una niña asesinada que desde el cielo contempla qué es de su familia y del tipo que la mató; las primeras críticas dicen que funciona como thriller pero no como drama, que le falta sutileza a la adaptación. Me lo temía).
En televisión, TVE tendrá que decidir que es lo que quiere ser de mayor, si la PBS o la BBC. Hablando de la cuál, en marzo Matt Smith se estrenará como el decimo primer Doctor en Doctor Who en una nueva etapa comandada por Steven Moffat. Mientras le dejen, el Gran Wyoming seguirá jugándose el tipo simplemente por sacarle los colores a la carcunda de este país. Llegarán más series oportunistas pretendiendo ocupar el hueco de Lost sin haber entendido nada, y el vacío será terrible cuando este verano concluya la extraordinaria odisea de los supervivientes del vuelo 815 de Oceanic, la primera gran nueva mitología del siglo XXI. De momento, mientras llega el dos de febrero, miro y remiro las fotos promocionales y me quedo fascinado con la beatífica sonrisa de John Locke. ¿Qué significará?
P.D.: Para quienes no la hayáis recibido ya en mano, adjunto copia de mi felicitación de navidad de este año. ¡Feliz 2010!
sábado, 3 de mayo de 2008
Historia viviente

Que no os engañen sus canas, sus gafas de pasta ni su imparable verborrea de simpático abuelete italoamericano: Martin Scorsese es un rockero de corazón (y que ahí donde le veis, en sus buenos tiempos llegó a meterse en el cuerpo tanta mierda como el mismísimo Eric Clapton). En 1973 el neoyorkino revolucionaba con Malas calles el concepto de banda sonora entrelazando canciones contemporáneas con el ritmo y la atmósfera de cada escena, y ya por entonces incluyó en ella dos temas de los Rolling Stones (que nunca habían sonado mejor).
Fan del grupo desde siempre, Scorsese cuenta que toda su vida había querido rodar Shine a light, que él ya la había hecho en su cabeza hace cuarenta años aunque sólo ahora haya podido concretarla y capturarlos en vivo. Pero la película que él imaginó en su día y la que nos llega ahora no pueden ser realmente la misma por mucho que compartan el mismo objeto; ni él es ya aquel joven director anfetamínico, ni es el mismo el (espectacular) despliegue de medios a su alcance, ni (sobre todo) significa lo mismo el mito de los Stones en 2008 que lo que podía representar en 1970 (cuando, por cierto, algunos los daban ya por acabados).
El tiempo, que ha afilado los rasgos de sus componentes, ha suavizado en cambio las aristas de la banda hasta convertirla en una institución de lo más respetable (como el propio Sir Mick), un espectáculo con sexo, droga y rock´n roll para toda la familia, abuelitas incluidas, y si no no hay más que verles recibiendo antes del concierto con profesionalidad exquisita a la madre de Hillary Clinton y al resto de su séquito sin dejar traslucir en absoluto el menor resquicio de irreverencia o descojone (al saludar a esa señora que en los 60 probablemente les hubiera atizado con el bolso; ¿qué piensan realmente de semejante circo? Imposible penetrar bajo la coraza).
Los Stones, aunque no la banda de rock más longeva en activo, es desde luego la más famosa y la que más directamente ha tenido que bregar con esa peliaguda cuestión que los músicos de géneros nacidos antes del siglo XX han resuelto hace tiempo: ¿cómo debe envejecer sobre el escenario una estrella de rock? Su respuesta (pese a las arrugas que convierten sus rostros en un estudio de las edades del hombre digno de Da Vinci) sigue siendo no darse por enterados... Mick Jagger juega todavía bajo los focos a ser el mismo chico malo, escandaloso y provocador que rivalizaba en titulares con los Beatles, moviéndose, saltando y bailando a sus sesenta y cuatro años como un verdadero demonio, en una demostración de energía tan antinatural que obliga a pensar que tiene que haber vendido su alma a cambio como poco. Sus compañeros se lo toman con más calma y se limitan a tocar con una eficacia impropia de su frágil apariencia, Keith Richards sacando partido irónico a su propia decrepitud de bucanero zombi del Caribe, Ron Wood manteniéndose en el discreto segundo plano que le corresponde como novato (sólo lleva treinta años con ellos), y Charlie Watts viéndolo todo y no diciendo nada tras su batería con la mirada perpleja de un jazzman millonario todavía sorprendido de seguir atrapado con el resto en esa burbuja eterna de tiempo plastificado. La música, una mezcla del repertorio más obvio con temas menos conocidos, suena poderosa pero extrañamente desconectada de unos intérpretes que llevan toda su vida tocándola y que tan poco tienen ya en común con aquellos chavales que la crearon. Es una impresión subjetiva pero las canciones de los Rolling Stones 2007, salvo en momentos puntuales, apenas me transmiten otra cosa que su voluntad de sobrevivir a toda costa, y la extraordinaria disciplina a la que se someten para seguir siendo la misma banda que siempre han sido (y ese distanciamiento no lo rompe la cámara por muy en medio del meollo que se meta).
El documental es, en un 80%, un concierto filmado con verdadero alarde de virtuosismo, cantidad de cámaras moviéndose entre los músicos como si fueran invisibles, fantásticamente fotografiado y montado, a lo que se añade un breve making of inicial (donde podemos ver otra vez a Scorsese repitiendo su aclamado personaje del spot de Freixenet) y breves insertos de entrevistas de archivo de la banda para dar alguna perspectiva sobre de dónde vienen y hacia donde van (que a estas alturas ya no puede ser muy lejos). Algún dia la última gira de los Stones será la última de verdad y la película de Scorsese quedará como un valioso testimonio, lo más parecido a un simulacro perfecto de lo que fue su última época. De ella han dicho que es superficial, un ejercicio de estilo que no termina de emocionar, pero para mí que ha captado perfectamente la esencia actual del grupo y si de algo peca es de un exceso de respeto y objetividad; me quedo con las ganas de saber qué es lo que piensa realmente Scorsese hoy día sobre ellos y qué conclusiones ha sacado al respecto.
martes, 27 de noviembre de 2007
Noticias del exterior
1- Buenas perspectivas para el fin de la huelga de los guionistas americanos: las partes se han vuelto a reunir después de 2 semanas y, aunque no ha trascendido nada, se rumorea que las productoras pueden haber aprendido modales tras la inesperada cancelación del rodaje de futuros pestiños tales como Ángeles y demonios (precuela de El código DaVinci) y las amenazas de los anunciantes televisivos de largarse con su dinero a otra parte.
2- Detalles sobre la próxima película de Scorsese, otra vez con DiCaprio, Shutter Island (basada en novela de Dennis Leary –Mystic River). Dos policías de Boston en los años 50 viajan a una isla cercana para investigar una desaparición en una institución mental donde pasan cosas muy raras, y donde les sorprende un huracán y un motín de los pacientes.
3- Fotos, montones de fotos:
a) Fotos del rodaje de Watchmen (aquí); solo localizaciones, por el momento, pero clavadas al cómic (y en una se ve de refilón a Rorschach). Pero la fidelidad a la estética es la parte fácil de este embolado para el director de 300...
b) Heath Ledger como el Joker en la portada de Empire Magazine (aquí): nada de particular, tan solo un payaso dando (bastante) miedo.
c) Tres nuevas fotos de Indiana Jones and the Kingdom of the Cristal Skull (1, 2 y 3) capaces de producir por sí solas el efecto sobrenatural de convertirme otra vez en un crío de 13 años. Sobre todo ésta, Sudamérica. Exterior. Día.

