lunes, 16 de mayo de 2011
Homenaje
lunes, 14 de diciembre de 2009
Autobombo

Aunque la meta de este blog es ceñirse al ideal de asepsia y neutralidad que representan el BOE o los telediarios de David Cantero, una realidad autocontenida sin resquicio alguno para las aburridas peripecias vitales del que suscribe, hay veces en que toca hacer de la necesidad virtud.
Resumiendo, que me han dado un premio y no tengo otra estantería donde ponerlo (cierto, también podría no ponerlo en ninguna parte, pero para una vez que gano algo...). El jpg comprimido que véis ahí al lado se ha llevado el primer premio del concurso Crash Comics 2009 (para historietas de una página y autores entre 18 y 35 años) organizado en Vitoria por Gauekoak y la Asociación Atiza. Unos chavales muy majos a los que juro que no conocía de nada.
Confieso que a mi provecta edad (apurando el límite) me da un poco de corte andar abusando de los concursos para mozalbetes, pero también es verdad que esta tontería rollo David Lynch / Monty Python llevaba guardada en una carpeta lo menos diez años. Se supone que los cinco trabajos ganadores (todos bastante más vistosos que el mío, que triunfó "por su dinamismo casi cinematográfico") salían publicados este sábado en el Diario de Noticias de Álava; en la web no hay ni rastro pero el que más me gustó a mí es posible encontrarlo en este enlace: http://amaia-ballesteros.blogspot.com/2009/12/premio-crash-comic-2009.html
domingo, 13 de septiembre de 2009
Amenábar contraatacado!
Por fin, este octubre, el cómic español más esperado del siglo XXI aparece coloreado y reunido en forma de album para regocijo de quienes sólo alcanzamos a pillar algún episodio suelto en la revista Mondo Bruto: Mis problemas con Amenábar, de Jordi Costa y Darío Adanti.
Basado en los (des)encuentros reales entre el cineasta Alejandro Amenábar y el gran Jordi Costa (ídolo de la crítica cinematográfica, habitual de Fotogramas y El País) e ilustrado por su habitual compinche argentino y maestro del iconismo bizarro-naif, Darío Adanti (actualmente en El Jueves), prometen ser 44 páginas brutales que no dejarán piedra sobre piedra en eso que se conoce como la industria del cine español.
(La razón, 11 de septiembre de 2009):
«El anticristo del nuevo cine español». «Si el gotelé fuese cine se llamaría “Tesis”». «El fenómeno Amenábar responde al síndrome de Mr. Chance: el tonto fascinante»... En fin, podría seguir con extractos, pero se agotaría el espacio. «Mis problemas con Amenábar» es el corrosivo cómic que publicará la editorial Glénat, escrito por el crítico de cine Jordi Costa y dibujado por Dario Adanti que trata sobre la fobia personal hacia el autor de «Mar adentro» y su peso en la industria. Nacido por entregas en el fanzine «Mondo Bruto» desde 2004, recopilado y «remasterizado», el tomo saldrá a la venta en octubre, coincidendo con el estreno de «Agora».
¿Mala leche? Toda la del mundo. Pero Costa justifica su trabajo y su ataque visceral: «No odiamos a Amenábar, sino a lo que significa». Y es que, asegura, «el cómic es un intento de explicar, más allá de la animadversión personal, por qué no creo que su cine sea una muestra de excelencia tan axiomática como parece que todo el mundo reconoce». Para Costa, «Amenábar le quita la alegría al concepto del cine dionisiaco, creado por y para dar placer, el modelo que intentó introducir en España la generación anterior a él, la de Álex de la Iglesia, Santiago Segura, etc. Amenábar elimina ese componente lúdico del cine de género y lo reduce a una especie de competencia técnica».
Explica el guionista que «todos los incidentes son anécdotas reales», aunque matiza que «los personajes son versiones exageradas de nosotros. Yo no soy tan avinagrado y el Amenábar que aparece es una imagen de él». Y reconoce que el cineasta «siempre ha sido extremadamente educado».
En las viñetas nadie se libra del látigo: la industria del cine, desde los directores hasta los productores, retratados con aire de «mafiosos» y «chuloputas», los festivales, con barras libres y fiestas hedonistas, y hasta la crítica. «Amenábar es sólo la punta del iceberg», reconoce el autor, y añade: «Es el pretexto para hablar de los rodajes en Madrid, de los festivales, de cómo funciona la industria y de la maquinaria del prestigio».
Dario Adanti reconoce que «antes de crear el libro ya compartía con Jordi la animadversión hacia Amenábar». Con referencias confesas en el «underground» americano, de Peter Gabbe y Charles Burns a Robert Crumb, por sus páginas desfilan Almodóvar, al que el éxito de Amenábar propina una patada en el culo en una viñeta («España es un país monoteísta», razona Costa), Cuerda, De la Iglesia... Todo con trazos sencillos: «Mis cómics nunca fueron paródicos, yo mismo creía que no sabía hacer caricaturas. Empecé y, para mi sorpresa, se veía quién era quién», cuenta el artista.
Nota de prensa de la editorial Glenat copiada (como las cuatro páginas de adelanto) del blog especializado Entrecomics:
Darío Adanti y el crítico de cine Jordi Costa lanzan un ataque frontal, despiadado y muy divertido, contra la figura de Alejandro Amenábar y su obra, a través del repaso de los encuentros del crítico y el director en diferentes festivales y un detallado análisis de su filmografía. Como reconoce el propio Jordi Costa en el prólogo del cómic: “Amenábar es una punta de iceberg, el pretexto para explicar algo más grande. El director de Tesis responde a la definición de monstruo que formula, por ejemplo, una película como La bestia del reino de Terry Gilliam: una creación colectiva orientada a impulsar y mantener un determinado status quo. Y ese estado de la cuestión es el auténtico tema de Mis problemas con Amenábar, la forja, consagración y propagación vírica de un modelo cinematográfico basado en el simulacro de talento, la competencia técnica y la asfixia de lo dionisiaco. O sea que este acto impropio de un crítico de cine –atacar de frente a un emblema de lo irreprochable y reconocer, para más inri, que lo suyo es personal– no deja de ser, en el fondo, una prolongación de su oficio como crítico de cine.”
“Las opiniones más consensuadas sobre Amenábar son, esencialmente, dos: a) es muy buen chico y b) su genio es irrefutable. Por tanto, dedicar cuarenta y cuatro páginas de historieta al escarnio de su figura está condenado a ser un acto tan impopular como propinarle una bofetada, porque sí, a un niño escogido al azar en un parque infantil”. Jordi Costa
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Lo que queda de 2008

Mejor película extranjera que le ha gustado a todo el mundo: Wall-E de Andrew Stanton
Mejor película extranjera que no le ha gustado a nadie: Dreams de Kim Ki-duk
Mejor película española: Camino de Javier Fesser
Mejor programa de TV extranjero: The Wire
Mejor programa de TV nacional: Plutón BRB Nero
Mejor disco nacional: El manifiesto desastre de Nacho Vegas
Mejor disco extranjero: Electric Arguments de The Fireman (Paul McCartney y Martin Glover)
Mejor concierto: Bob Dylan (Pamplona, 24 de junio)
Mejor película clásica descubierta en 2008: Viaje alucinante al fondo de la mente (Ken Russell, 1980)
Película clásica más decepcionante vista en 2008: El mago de Oz (Victor Fleming, 1939)
Mejor cómic: Emigrantes, de Shaun Tan (2007)
Mejor libro sobre cómics: El mundo de Mortadelo y Filemón de Miguel Fernández Soto
Mejor novela: El asombroso viaje de Pomponio Flato, de Eduardo Mendoza
Mejor libro sobre tv: The Writers´s Tale, por Russell T. Davies y Benjamin Cook
Mejor canción clásica descubierta en 2008: Race for the Prize de los Flaming Lips
domingo, 18 de mayo de 2008
Hombre en conserva

Los superhéroes, esos personajes absurdos, arquetipos distorsionados que protagonizan alambicadas mitologías para adolescentes con la profundidad emocional de una lenteja; como el ornitorrinco, suponen un accidente evolutivo de la cultura popular que si no existiera dudo mucho que nadie se molestara en inventar (al menos en su forma actual). Pero todo se les perdona cuando salen tan entretenidos como Iron Man…
Menudo sarcasmo la frase aquella del tío de Peter Parker, Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Lo cierto es que a estos vigilantes con pijamas de colores rara vez se les ha visto arrimando el hombro para combatir las verdaderas injusticias de este planeta, tan entretenidos como andan en su mundo de fantasía manteniendo oculta su identidad secreta, combatiendo al supervillano de turno y formando coaliciones entre ellos como en una tediosa parodia de alguna arcaica religión politeísta. El momento cumbre de su historia suele ser el relato-origen (cuando les pica la araña, les cae encima la tromba de rayos gamma o se caen en la marmita de pequeños) y sus primeros pasos para establecerse profesionalmente en un sector tan competitivo; a partir de ahí, las aventuras de cada cual se vuelven generalmente intercambiables y progresivamente rutinarias.
En EEUU los cómics de superhéroes han sido durante décadas sinónimo de cómic a secas: el duelo histórico entre DC comics y Marvel, como la división entre demócratas y republicanos, ha venido dando una ilusión de alternativa que barría bajo la alfombra el resto de opciones. Y ahora que sus ventas llevan años cayendo es el cine el que les viene a salvar gracias a la revolución de los efectos digitales que ha hecho posible trasladar a la gran pantalla sus fantasmadas a un precio razonable.
Iron Man es precisamente el estreno como productora independiente de Marvel Estudios (seguida en unos meses por Hulk 2, y más adelante por otros héroes de su catálogo en orden decreciente de popularidad). Y aunque puede que el hombre de hierro sea menos conocido que Thor o El Capitán América, resulta una estrategia inteligente comenzar el desembarco con uno de sus personajes menos traídos por los pelos, cuyos únicos superpoderes son su tremenda fortuna y su inigualable talento como ingeniero. Primo espiritual de Bruce Wayne, Tony Stark, heredero de una gran industria armamentística, es un capullo totalmente imbuido en esa vida de playboy millonario que el hombre de Gotham City solo finge llevar, hasta que una dura experiencia durante una visita a Afganistán le hace caerse del caballo y revisar su propósito en la vida y la de los juguetes que fabrica.
Y aunque su historia no deja de ser otro relato-origen tan surrealista e inverosímil como es costumbre en el género, el director Jon Favreau ha conseguido crear un producto ágil, divertido y emocionante, con cantidad de variaciones sorprendentes sobre el esquema base, y que además es de principio a fin el show de Robert Downey Jr. en la más perfecta fusión entre personaje e intérprete jamás vista en una película de superhéroes. Hace falta talento y carisma para conseguir soldar las piezas de un personaje tan imposible (genio, idiota, hedonista, hombre arrepentido y vengador justiciero), y que el resultado parezca tan ligero y natural como si el antiguo chico malo oficial de Hollywood se estuviera interpretando a sí mismo.
Es esa calidez humana (no hay más que echar un vistazo al resto de nombres del reparto: Jeff Bridges –calvo y con barba, irreconocible-, Gwyneth Paltrow, Terrence Howard) lo que la distingue y la eleva por encima de sus clichés y de otras cintas similares. Visualmente Iron Man es un producto hipertecnológico con lo último en efectos especiales y diseños futuristas (mucho más creíbles, por ejemplo, que los de Spiderman, y más vistosos que los de la realista Batman Begins), pero su material genético está repleto de cine clásico, de películas de aventuras de los años 30 tipo Errol Flynn (otro famoso borracho), screwball comedies (el romance latente entre Tony Stark, el frívolo heredero de buen corazón, y Miss Potts, su secretaria para todo), y esa ciencia ficción ingenua donde un capitalista emprendedor es capaz de arremangarse y hacerse en un pis-pás un supertraje para combatir al crimen. En conclusión, un plato completísimo y con un gusto excelente (para ser de lata).
martes, 22 de abril de 2008
El espíritu de Eisner
El dibujante y guionista de cómics Frank Miller ha empezado a soltar prenda sobre lo que será propiamente su debut como director de cine, The Spirit (basado en el personaje de Will Eisner, con Scarlett Johansson, Samuel L. Jackson, Eva Mendes y el desconocido Gabriel Match como el personaje titular); la aparición del primer trailer y un póster, en lugar de calmar los ánimos, ha enardecido a las masas de internet hasta hacerlas clamar ahora directamente por su crucifixión…Me paso un cuarto de hora frustrante leyendo comentario tras comentario llenos de mala baba poniendo a Frank Miller de fascista acabado e inútil que no sabe sino hacer una y otra vez el mismo truco, su clásico rollo hipernegro ultraviolento, cínico y nihilista con la omnipresente voz en off (siempre es bonito encontrar tanto consenso). ¿Estaré yo chiflado por pensar que lo que se va conociendo de The Spirit da ciertas esperanzas de que quizá el viejo Miller sepa (por primera vez en mucho tiempo) lo que está haciendo?
The Spirit, pese al poster en blanco, negro y rojo, no es el título en clave de Sin City 2 sino una adaptación del famoso personaje de Will Eisner (1917-2005), posiblemente el más influyente autor de cómics de todos los tiempos (lo de Orson Welles del cómic sería una buena aproximación); el tipo que ya estaba allí cuando nacieron los superhéroes pero pasó de crear uno propio porque los encontraba ridículos, el que treinta años después inventó la novela gráfica con Un contrato con Dios; el único defensor durante décadas de esa idea absurda de que los cómics podían ser también una forma de arte (sus libros sobre la teoría y práctica del arte secuencial son de lo mejor que se ha escrito al respecto) y no por nada el tipo cuyo apellido da nombre a los premios más importantes del mundo del cómic.
The Spirit, el personaje que le dio la fama (antes de que se cansara de él y buscara nuevos retos) era un detective enmascarado sin las neuras del oficio, una especie de Batman encarnado por Cary Grant que lo mismo se metía en historias de cine negro que en dramas cotidianos, relatos de humor o hasta de ciencia ficción; sus aventuras eran un formato extremadamente flexible, siempre lleno de gracia, sutileza e ingenio y el clásico idealismo americano de los años 30 resonando en el interior. ¿Qué podría haber más alejado del sórdido culto a la violencia del estilo Frank Miller? Y sin embargo ambos hombres fueron amigos y admiradores mutuos… ¿Puede ser Miller tan capullo como para apuñarlo en espíritu convirtiendo a su personaje más emblemático en otro Hartigan, en otro Marv, en otro Batman maldito psicópata? No, no creo.
Porque vale, está claro que visualmente Miller vuelve a tirar del Sin City de Robert Rodríguez, a primera vista parece el mismo mundo expresionista blanquinegro proyectado en un croma y generado por ordenador, y a la hora de vender la película es importante remarcar la conexión. Pero ese poster es cien por cien Will Eisner, y luego uno pone el trailer y ve a the Spirit echar a correr por los tejados, y hay otra vez un monólogo de tipo duro y fondos y siluetas a contraluz, pero ese tío no corre como un héroe de Frank Miller: ese tío tiene clase y sentido del humor.




