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lunes, 10 de septiembre de 2007

Death Proof: rematando la faena


Veo Death Proof otra vez y llego a la triste conclusión de que en mi comentario del lunes 3 me quedé muy corto sacándole punta al tema... Resistiendo la tentación de hacer trampa y reescribirlo subrepticiamente, me limito a ampliarlo con un par de nuevas observaciones de interés más bien escaso, y así ya tengo excusa para publicar un dibujo nuevo...

(Spoilers ligeros)

1. No había caído hasta qué punto ese cabrito maquiavélico de Tarantino ha construido su película (ya de entrada dividida nítidamente en dos partes) empleando repeticiones (grupos de conductores, frases de diálogo, locales en los que paran) y oposiciones (día / noche, mujeres / hombres, coche negro / coche blanco, chicas modernas y sexys / viejo fósil desfigurado, especialista acorazado / especialista a pecho descubierto). En esa línea, es seguramente un detalle de importancia que todo el curriculum conocido del Especialista Mike (Kurt Russell) se refiera a la televisión (series olvidadas de los 60 y los 70) en contraposición a Jungle Julia, que tiene un programa de radio, y a Abernathy, Zoë y amigas, que trabajan en el cine. Parece mucha casualidad como para no ser una broma metatextual sobre la historia del choque entre dichos medios (¿Video killed the Radio Star?) y también, por qué no, una alusión a la tele americana asesinando por saturación a la industria de la serie B, o de la B a la Z (películas, productoras y salas especializadas, las dichosas grindhouses), ese género que sin embargo de una u otra forma siempre acaba resucitando cual vengador justiciero en manos de pirados como Tarantino y sus amigos (un género "a prueba de muerte"). Siguiendo esta interpretación, el farsante de Mike no sería en realidad, como yo creía al principio, el espíritu encarnado de la serie Z (salvaje, cachonda y liberadora), sino más bien el poder destructivo instantáneo de la tele más rancia y arquetípica (y así se comprende mejor lo de este psicópata con pies de barro).
Este reparto de papeles se haría más explícito si supiéramos cuál es (o a cuál se parece) esa película dentro de la película en la que están trabajando las muchachas (porque casualmente, la especialista Zoë Bell, que se interpreta a sí misma, y Daryl Hannah, a cuya doble mencionan, estaban las dos en Kill Bill…)

2. La conexión con Planet Terror (o el misterioso asunto del ubícuo Earl McGraw, Ranger de Texas). Este personaje repetidamente encarnado por Michael Parks, que moría asesinado durante un atraco en Abierto hasta el amanecer a manos de los hermanos Clooney-Tarantino y reaparecía en un flashback de Kill Bill II investigando la escena del crimen de la masacre de la iglesia, es ahora, junto a su hija la doctora Block (Marley Shelton), el nexo de unión entre dos películas tan incompatibles en estilo y contenido como Planet Terror y Death Proof.

¿Hay que tomarse en serio el cameo y esforzarse en encajar ambas historias en la misma continuidad narrativa? (encaje que no haría ningún bien a la peli de Tarantino porque el desenlace de la de los zombis, necesariamente posterior, amargaría bastante el regusto final de la del thriller con psicópata). Pues bien: teniendo en cuenta que:

a) Death Proof transcurre en un universo de ficción en que existe como tono de móvil A Twisted Nerve de Bernard Herrmann, esa nana siniestra popularizada por Kill Bill que sonaba cuando la tuerta Daryl Hannah se dirigía, disfrazada de enfermera, a rematar a Beatrix Kiddo (Uma Thurman) con su inyección letal...

b) McGraw era también un personaje de Kill Bill...

se puede concluir que, con semejante cacao de ficciones dentro de ficciones, Quentin simplemente nos quiere vacilar y no vale la pena calentarse más los cascos.

Ya está, eso era todo. Disculpen la paja mental…

sábado, 25 de agosto de 2007

Viva lo rancio: Grindhouse Parte 1


Si no fuera por la implicación de Tarantino en el asunto, posiblemente habría pasado de Planet Terror porque:

a) Casi todas las pelis cutres y en mal estado que he visto en mi vida las he visto en TV o en VHS, así que todo ese rollo de la nostalgia del terror basura en programa doble de sala de barrio, con copias hechas polvo y chiquillería vociferante partiéndose el culo con cada descuartizamiento, me resulta una experiencia extraterrestre (si acaso, por buscar equivalentes, alguna peli de Disney o Tarzán en un cine de verano, en sesión para todos los públicos a precios populares y desde luego, válgame dios, nada de sexo y terror).

b) Robert Rodríguez es un director mediocre y efectista, aunque con notable energía y ambición visual, las cuales, unidas a su gusto por el pastiche y el cine de género, a veces producen resultados interesantes pero casi siempre no (porque sus personajes son siempre caricaturas y estereotipos, dibujos animados en forma real sin rasgo humano reconocible que envuelva al espectador en sus peripecias, cine palomitero al cien por cien, chorros de adrenalina a piñón fijo) y en sus gamberradas conjuntas con Tarantino (que es un freak de manual pero además un auténtico genio, probablemente el autor más relevante surgido en el cine americano en los últimos 20 años), ha habido de cal y de arena: Abierto hasta el amanecer era brillante pero irregular (las luchas contra los vampiros son de vergüenza pero el reparto, el baile de Salma con serpiente y los diálogos de Quentin la sostienen estupendamente), y Four Rooms era una peli de sketches con muy poca gracia y todos los defectos de una peli de sketches...

Pero resulta que las limitaciones de Rodríguez han encontrado en Planet Terror el proyecto ideal para convertirse en virtudes, y que ésta puede ser perfectamente su mejor película junto con Abierto… y Spy Kids (Spy Kids, sí, qué pasa). Muy lejos de ser perfecta (la ha escrito él y muchos de los chistes no son más que paridas) esa imperfección es precisamente parte de su encanto, una peli sin ninguna pretensión épica ni esas horteradas estilísticas en las que le encanta regodearse: pura acción y diversión al estilo artesanal de la escuela de John Carpenter pero en una nueva receta superconcentrada que es todo fibra (hasta se finge la pérdida de un rollo de película para ahorrarse esos tediosos interludios en los que los personajes se conocen en la calma que precede a la tormenta).

Planet Terror es, por abreviar, una peli de zombis para adolescentes en el polo opuesto de la seriedad alegórica de 28 semanas después (aunque compartan una escena exactamente igual), un pastiche setentero de una larga noche de casquería y matanzas con ametralladoras, gogós en bikini, lesbianas en fuga, militares renegados y más secundarios graciosos que en Aterriza como puedas. De entre el reparto coral destacan dos actores televisivos, Rose McGowan, chica muy mona que por lo visto sale en Embrujadas, y Freddy Rodríguez, el canijo embalsamador mexicano de A dos metros bajo tierra (que se revela como más que competente héroe de acción), más un cameo largo de Bruce Willis que parece estar pasándoselo en grande y otro de Tarantino que hace un numerito más bien irritante...

El fracaso comercial en USA del programa doble de Grindhouse nos va a obligar a pagar dos veces para ver cada mitad: el viernes 31 de agosto se estrena Death Proof de Tarantino (según la ficha en imdb.com hay que esperar cierto cruce de personajes entre ambas historias). Esta película con Kurt Russell como asesino psicópata ha sido considerada por los bocazas de internet como la menos divertida de las dos, reprochándosele en concreto unos diálogos erráticos que no llevan a ninguna parte… ¿Incontinencia del autor empapando el homenaje? Veremos.