lunes, 9 de febrero de 2009

Wyoming, Media Hero


Adelantándome al autojuicio que se hace mañana Wyoming en El intermedio, aquí van tres argumentos a favor de la defensa en el famoso caso del video de la becaria:

1 El marketing viral es la publicidad de los pobres: Los que no tienen pasta para traerse a Will Smith a hacer el chorra en su programa se buscan la vida como pueden. Objetivo conseguido: record de audiencia y proclamación de su existencia a todo tipo de público que jamás se había acercado a El intermedio (aunque luego, para fidelizarlos, lo que cuente sea el trabajo del día a día).
2 La venganza: Wyoming es un tío duro que lleva años sonriendo y poniendo la otra mejilla cada vez que le atizan (es más, tiene su propia sección en el programa, “Todo sobre mi madre”, donde repasan los últimos insultos que le han dedicado: pesebrero, sectario, progre de mierda, feto sin gracia, etc; no se rompen mucho la cabeza). Nunca se había dignado a contestar pero, hace cosa de un mes, El intermedio cometió el error de emitir unas imágenes donde el director de Intereconomía (esa extraña cadena de televisión que envía matones a sueldo para evitar que entrevisten a Carlos Fabra) imitaba con toda la gracia de un sargento borracho de la legión a la vicepresidenta De la Vega (que en su versión era una lesbiana contagiosa loca por arrastrar a todos los niños de España a la depravación moral y sexual). La cadena digital contraatacó con insultos y ataques personales, El intermedio se los tomó a cachondeo, y la cosa fue escalando hasta que el tal Xavier Horcajo pasó a meterse con los colaboradores de Wyoming: Esa Beatriz Montañez no era quien para darle a él lecciones de ética periodística porque no era más que una puta (sin pronunciar la palabra, por supuesto, porque él, al contrario que otros, es un caballero). Intuyo que esa fue la gota que selló el destino del pobre imbécil.
3 La función social: los medios tradicionales se irritan mucho con las bromas de La Sexta (lo último, lo del Follonero y la señora del boleto de lotería) aunque no les parecía tan mal cuando la única víctima era Aquí hay Tomate, por entonces todo el mundo asumía que el programa de Telecinco recibía lo que merecía por zafio y canalla. Pero la tomatización es un cáncer que se está infiltrando por toda la profesión (la presión del mercado y la competencia, las prisas, la necesidad de grandes titulares sensacionales con los que rellenar la próxima entrega, y ahora, la crisis). Las secciones de sociedad y espectáculos de El País (un diario en general bastante escrupuloso) hace mucho que reproducen alegremente cualquier rumor de Internet y publican como noticia cierta (sin citar fuentes) la primera chorrada que se inventen los tabloides ingleses. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que esa actitud relajada se filtre a las consideradas secciones serias?
Pero mucho peor que la frivolidad o la desidia es la mala fe: El tal Horcajo dice que ni siquiera se puso en contacto con El intermedio porque “¿qué iban a decir?” (pues, por ejemplo, su versión de los hechos). Afirma que el contenido le resultó creíble dada la catadura moral del individuo. Falso: si aceptó entusiasmado el vídeo de Troya fue porque era una bomba increíble, un testimonio que destruía la imagen pública de Wyoming, su reputación de simpático hombre de izquierdas, un arma demasiado buena como para no utilizarla.
La información contrastada es lo único que diferencia al periodismo de verdad de un puto blog o de cualquier rumor que se extienda por los foros de Internet. Sin periodistas profesionales nos volvemos ciegos y sordos y la democracia se queda indefensa contra los abusos y la manipulación del poder. Bromas como esta hacen la función del hacker que entra en las computadoras del Pentágono para probar sus defensas (certificando su cochambroso estado). La asociación de la prensa de Madrid, en lugar de salir a ponerle verde, debería haber dado una medalla a Wyoming por desenmascarar a ese impostor facineroso. Como no ha sido el caso, habrá que suponer que sus responsables han conseguido el carnet de periodista en el mismo sitio que él. Pues estamos apañados.

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