miércoles, 28 de mayo de 2008

Un paso atrás para la humanidad


Muy desalmado hay que ser para poner a parir Cosmos, la ópera prima de un joven director que encima es paisano; hay algo casi enternecedor en la torpeza de este largometraje con un par de ideas prometedoras pero que arrastra todos los defectos del cortometrajista primerizo. Me digo que el chaval apunta maneras, que la parte visual no la lleva mal y que con un coguionista decente y un reparto más profesional quizá llegue a hacer algo la próxima vez. Luego busco algún dato sobre el tal Diego Fandos en internet, leo que estudió guión y dirección en Praga, que ha ganado concursos de relatos, que trabaja de realizador de spots, que se declara influido por Kafka y Kundera y que tiene 37 AÑAZOS, y se me cura de repente tanta magnanimidad y confieso que no había pagado dinero por ver una película tan mala desde que estrenaron Primer Caballero.

La idea de un empresario vasco (Ramón Barea, lo mejor con diferencia, casi lo único) que se ha pasado nueve meses secuestrado en un zulo se identifique en plan alma gemela con un astronauta ruso atrapado en la estación espacial Soyud era un arranque demasiado bueno como para echarlo a perder tan deprisa cruzándolo con 1) la historia de su odiado cuñado el ex jesuita Xavier Elorriaga (sujeto reservado que deja entrever sutilmente su melancolía declarando su intención de hacerse enterrador); 2) las aventuras de Euriane (Oihana Maritorena), una joven que acaba de heredar un bar y tiene su propio cuelgue a distancia con otro ruso, que a ratos ríe y a ratos llora, unas veces echa a correr aterrorizada porque piensa que la siguen y otras se para a hablar tan pancha con cualquier desconocido con apariencia de perturbado, una chica que, como se siente sola, se dedica a llamar a la gente por teléfono al azar a las dos de la mañana con tan buena fortuna que nadie la manda a la mierda; 3) la convalecencia de un francés ingresado en el hospital cuyo chichón protagoniza por su cuenta varios flashbacks.
La caracterización es un disparate y el argumento (realismo mágico, dolorosos secretos del pasado, gente solitaria, recuerdos de Leningrado y un facsímil del jersey de Evo Morales) avanza a ritmo de auto de choque, pero lo que la acaba de matar son esos diálogos de primero de taller de escritura que, si no fuera por los demás indicios que apuntan a que se trata de una película real (tiene escenas de sexo y títulos de crédito) habría jurado que eran un doblaje de Joaquín Reyes improvisando de un tirón. Que reírte te ríes, sí, pero también te lo puedes ver en casa…

1 comentarios:

Anónimo dijo...

La profundidad es una ilusión,
se logra poniendo carusa..